viernes, 2 de abril de 2021

 


EL SUFRIMIENTO EN LAS DISTINTAS CULTURAS

 (IV)


EL CRISTIANISMO


I


CONCEPTOS Y CATEGORIAS CULTURALES


Son varias las cuestiones que se plantean en el pensamiento cristiano y sobre las que, al menos, conviene reflexionar.

a)- La doctrina del Concilio Vaticano II: los contextos culturales y el lenguaje de la Biblia.

          b)- El valor de los conceptos y categorías culturales del Judaísmo de la antigüedad y su influencia en la formación del pensamiento y expresión cultural del Cristianismo posterior.

    c)- Las divergencias del Cristianismo, respecto de las categorías culturales, del Judaísmo.


a)- El lenguaje y las categorías culturales en el Vaticano II.

Respecto de la cuestión relativa a las formas y lenguaje a través de los que se expone la doctrina, el Concilio Vaticano II resalta la importancia del contexto cultural y formas de los géneros literario en los que se manifestó la Revelación:

Para descubrir la intención de los hagiógrafos ( autores), entre otras cosas, hay que atender a los géneros literarios, puesto que la verdad se propone y se expresa ya de maneras diversas en los textos de diverso género, históricos, proféticos, poéticos o en otras formas de hablar.(....). Pues para entender rectamente, lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente, tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiófrafo, como a las que en aquella época, solían usarse en el trato mutuo de los hombres.” (Vaticano II. Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación. Capítulo III. Apartado 12 )


Para a continuación, tras exponer las cambios que ha experimentado la sociedad , en los distintos ámbitos científicos, técnicos y sociales, señala su influencia en otros ámbitos:

Las instituciones, las leyes, las maneras de pensar y de sentir, heredadas del pasado, no siempre se adaptan bien al estado actual de cosas. De ahí, una grave perturbación en el comportamiento y aún en las mismas normas reguladoras de éste. Las nuevas condiciones, ejercen influjo también sobre la vida religiosa. Por una parte, el espíritu crítico más agudizado, lo purifica de un concepto mágico del mundo y de residuos supersticiosos, y exige cada vez más, una adhesión verdaderamente personal y operante de la fe.(....). Una tan rápida mutación, realizada con frecuencia, bajo el signo del desorden, y la misma conciencia agudizada por la contradicciones existentes hoy en el mundo, engendran o aumentan contradicciones y desequilibrios. ( Vaticano II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo. Exposición Preliminar. Apartado 7).


En uno y otro documento del Vaticano II, hay una invitación a crear nuevos lenguajes y categorías culturales que permitan dar respuesta a los graves interrogantes que provocan angustia y desazón a la humanidad y elegir su futuro:

De esta forma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien, que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado y que pueden aplastarle o salvarle. Por ello se interroga a sí mismo. (Vaticano II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo. Exposición Preliminar. Apartado 9 ):

Ante esta disyuntiva, formula varios interrogantes: “ Sin embargo, ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos, los que se plantean o los que acometen con nueva penetración, las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que a pesar tantos progresos hechos, subsisten todavía?, ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio?, ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad ?, ¿Qué puede esperar de ella?, Qué hay después de esta vida temporal?. (Vaticano II. Constitución Pastoral la Iglesia en el Mundo. Exposición Preliminar. Apartado 10)


b)- Las categorías culturales del Judaísmo que han influido en el Cristianismo.

Sin duda la influencia del Judaísmo en la conformación de las categorías y conceptos del Cristianismo, aunque no exclusivamente, ha sido muy importante. Destacan entre otras:

  • La afirmación del monoteísmo y la creencia en un sólo Dios, creador del Universo.

  • La irrupción de la vida del hombre y de toda manifestación de vida, como obra de Dios, así como la capacidad del hombre para reconocer a su Creador, como Señor del Universo.

  • El don de la libertad humana y la capacidad para discernir entre el bien y el mal, y la opción de aceptar a Dios o rechazarle.

  • La importancia de la dimensión colectiva y la pertenencia a un pueblo con identidad propia y capacidad para convivir en comunidad y dotarse de leyes. para su regulación y supervivencia.

  • El mensaje de salvación y protección de Dios a su pueblo, aunque no con carácter universal.

  • A esta tradición religiosa, se unió el reconocimiento de los patriarcas de la Antigua Alianza y los Profetas, cuyas vidas, los mandatos de las Tablas de la Ley y oráculos, fueron respetados y también asumidos como caminos que conducen a su Dios y a colmar las esperanzas que están puestas en Él.

  • Todas ellas, fueron decisivas, no sólo en la vida de Jesús de Nazaret , sino determinantes en sus primeros seguidores y en la comunidad cristiana, cuyas creencias religiosas iniciales, eran las del Judaísmo, predominante en la región de Galilea y Judea.


c)- Las divergencias de las proposiciones religiosas y culturales del Cristianismo respecto del Judaismo.

Existen, sin duda, importantes diferencias entre la cosmovisión religiosa del Cristianismo respecto de las defendidas por el Judaísmo, aunque el Cristianismo surgió del movimiento religioso judío y le tiene como punto de partida. Sin embargo:


  • Las nuevas ideas y actitudes de vida que anunciaba Jesús de Nazaret, pretendían reformar el anquilosado sistema de creencias y de poder del Judaismo, encorsetado en las innumerables normas que se habían incorporando en su desarrollo, a la Ley de Moisés, llenas de prohibiciones que regulaban la vida de los judíos. La posición mas conservadora eran, de una parte, los fariseos y los escribas, que percibían que se le podía derrumbar toda la estructura normativa y jurídica construida en el último milenio. De otra, los sacerdote y levitas, servidores que atendían el Templo y realizaban los sacrificios rituales exigidos por la Ley de Moisés, que podrían perder gran parte de su poder social y ante las autoridades romanas. Fueron ellos los que rechazaron el mensaje de reforma y conversión que les ofrecía Jesús de Nazaret y finalmente, optaron por matarlo.

  • El Reino de Dios que proclamaba Jesús de Nazaret, abría las ventanas de la antigua Alianza a todas las gentes, en una Nueva Alianza, rompiendo el exclusivismo monoteísta del Judaísmo, con un mensaje universal dirigido a todas las gentes; y se dirigía al Padre, como el Dios cercano y próximo al que sufre, al hambriento, al desnudo, al que no tiene un techo para vivir; e insuflaba un viento fresco para volver a las fuentes primigenias, primando el pensamiento y la esperanza de los grandes profetas de Israel. Sus palabras eran percibidas por las gentes, como surgidas con la autoridad de los Profetas y como un enviado de Dios.

  • Proclamó como máximos valores de su predicación, ya fuese en las sinagogas donde se reunían los judíos o en la orilla del río Jordán, la misericordia y el amor del Padre a todos los hombres; pasó su vida, curando las dolencias de los que sufrían y estaban excluidos de la sociedad, y perdonaba sus delitos y pecados. Todo ello suponía una gran conmoción de las viejas certezas que ofrecía la casuistica de la moral judía, y las normas dictadas e interpretadas por los escribas y sacerdotes.

  • Ya en sí mismo, la persona de Jesús de Nazaret, fue cuestionada desde el inicio de su vida pública, por los dirigentes religiosos: levitas, escribas, fariseos y saduceos, incluso negaban la autoridad que tenía para presentarse como Hijo del Hombre o Hijo de Dios, y para sanar a los enfermos. Muchos se preguntaban: ¿Quién es éste que hasta los espíritus le obedecen?.

  • La diferencia sustancial era entre la concepción del Mesías esperado por el Judaismo, que restablecería el poder temporal, la grandeza y la magnificencia del rey David; y de otra parte, el Hijo del Hombre o Hijo de Dios, cercano a los pobres y excluidos de la sociedad, a los que curaba y daba esperanza, en un mundo en el que ellos no tenían cabida. Este nuevo Mesias anunciaba que su Reino no era de este mundo y su mandato era el amor al prójimo.

  • Otro aspecto sustantivo del mensaje de Jesús de Nazaret fue el reconocimiento de la persona y la dimensión individual de la responsabilidad, y su libertad, rompiendo la vieja creencia en la antigüedad, de una responsabilidad colectiva, que se transmitía de padres a hijos, Finalmente, y como gran novedad, ofreció a sus seguidores, una religiosidad sin intermediación de los servidores del Templo, fundamentada en una relación personal con el Padre, cuando le pidió a la mujer samaritana, sentado junto al pozo, que le diese de beber.

  • Su mensaje de la inminente llegada del Reino de Dios, a los hombres y mujeres de buena voluntad que le aceptaran como enviado por Dios, en esta vida; y en la promesa, mas allá de los límites de la vida temporal, de la fragilidad y vulnerabilidad, en una eternidad, en los brazos del Padre y del misterio del Universo, era una inmensa esperanza.

  • La fe pascual en la resurrección de Jesús, es un elemento central del Cristianismo, de la que dieron testimonio sus discípulos, reunidos y escondidos por miedo a las represalias de los judios. Su fundamentación no es racional, sino únicamente por la fe y por la confianza en las palabras que pronunció Jesús: “Yo soy, la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, vivirá para siempre.” (Juan 11. 25)


II


¿ NUEVO LENGUAJE Y CAMINOS DEL CRISTIANISMO ?


A lo largo de sus dos milenios, el Cristianismo se ha planteado, en numerosas ocasiones, si su futuro debía estar orientado al pasado, con sus formas, ritos y normas, o por el contrario, tenía que actualizar el mensaje evangélico con nuevo lenguaje y categorías culturales, que correspondiesen a los cambios de la sociedad . Así lo entendieron tanto Pedro como Pablo, cuando convocaron la primera reunión apostólica en Jerusalen para decidir si los nuevos cristianos, gentiles conversos, tenían o no que circuncidarse, como prescribían las leyes de Moisés. Ambos, estaban de acuerdo que no era obligatorio imponer a los gentiles que deseaban incorporarse a la comunidad cristiana, dicha norma y desde entonces la circuncisión no fué exigible. Del mismo modo, la asistencia a las sinagogas progresivamente fue sustituida por asambleas cristianas, en las que se recordaba la última cena del Señor, con la fracción del pan, acompañada de himnos y cánticos. Igualmente sucedió con la prohibición de trabajar el Sábado, que debía ser reconsiderada en determinadas circunstancias, porque el hombre no es para el Sábado, sino el Sábado para el hombre. Sucesivamente, las comunidades cristianas se adaptaron a las circunstancias, según fuese en la época de las persecuciones o tras el fin de aquellas, en el año 311 d.C. y la libertad de cultos y de religión a partir del Edicto de Milán en el 313 d. C.


Es el propio Concilio Vaticano II, como ha sido analizado anteriormente, el que acordó en sus Constituciones, sobre la Divina Revelación y sobre la Pastoral de la Iglesia y el Mundo, la necesidad de adecuar el lenguaje de la escritura, de la liturgia en las distintas celebraciones, de las homilías y de los libros destinados a la educación de la Religión Cristiana, a los nuevos tiempos; así lo entendió el Papa Juan XXIII: la Iglesia necesitaba un aggiornamento y para ello convocó el Concilio Vaticano II. Entre otros aspectos, debiera hacerse un mayor esfuerzo por parte de los teólogos, los especialistas en las Escrituras, los filólogos y los educadores y pedagogos, en acometer una modernización de los géneros literarios y su inteligibilidad, evitando algunas incoherencias y confusiones, carentes de sentido. A título de ejemplo, resulta incomprensible, que se haya olvidado el texto que narra el encuentro de Jesús, con un ciego y los discípulos, educados éstos, en el paradigma judío de que toda enfermedad o sufrimiento era consecuencia del pecado de las persona o de sus ascendientes, que le preguntaron a Jesús:

Maestro ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?. Jesús contestó. Ni él ni sus padres han pecado, sino que ha ocurrido así para que se manifieste en él, las obras de Dios.”. (Juan 9.1-3)


Aún así, es muy frecuente en los textos litúrgicos y en las homilías, hablar del castigo de los hombres por sus pecados cometidos contra Dios, incluso que Cristo murió a causa de los pecados de los hombres, confundiendo la responsabilidad y la culpa de la crucifixión de Jesús de Nazaret, con el perdón general que éste concedió, en un acto de suprema generosidad, a sus verdugos y a todos los que en su nombre, se arrepienten de sus delitos y fechorías. De aquella forma, se contradicen las palabras de Jesús al negar éste, que la causa de la enfermedad del ciego, fuesen sus pecados o los de sus padres, al responder a sus discípulos; y de Pedro, al señalar que la responsabilidad de la muerte de Jesús de Nazaret, era de las autoridades religiosa y gente judía, a quienes consideraba culpables.


Lo dicho anteriormente, no significa olvidar, que la raíz de la violencia y del sufrimiento moral de la humanidad , anida en su corazón y procede de decisiones y actos que deliberadamente adoptan los seres humanos (el odio, la injuria, el desprecio al diferente y al necesitado, la guerra, la esclavitud y opresión a los pueblos). Hay otra violencia física, que también produce grandes sufrimientos y que tiene su origen en causas y procesos que se desencadenan en la naturaleza, por las leyes de la biología, como las enfermedades y la muerte, y aquellos otros, cuyo origen corresponde explicar a la meteorología y a la geología, ( terremotos, sunamis, maremotos, erupciones volcánicas, huracanes, tifones, inundaciones de las lluvias, incendios etc.) También hoy, es frecuente constatar el sufrimiento y la violencia mixta, en la que participan decisiones humanas y naturales, que no han sido deliberadamente deseadas ( accidentes derivados de fallos del progreso técnico, sean nucleares, de transportes aéreos, ferroviarios y automovilista, el deterioro del medio ambiente, ya sea la contaminación de los océanos, de la atmósfera, de los recursos naturales etc..), pero han ocurrido por negligencia y falta de prudencia al no evaluar los riesgos que se asumían. En definitiva, no de todo sufrimiento y violencia, son responsables los seres humanos, pero en buena medida sí lo son, y mucho progresaría la humanidad si hubiese una mayor conciencia de ello y mayor compromiso por proteger y cuidar de la Humanidad y de la Tierra.








 

EL SUFRIMIENTO EN LAS DISTINTAS CULTURAS

(III)



EL CRISTIANISMO


I


AÑOS DE PERSECUCIÓN


Para entender la cosmovisión que tuvieron los primeros cristianos acerca del sufrimiento humano, hay que situar el contexto histórico de sus protagonistas, y las dificultades que afrontaron en los tres siglos que siguieron a la muerte de Jesús de Nazaret.


En primer lugar, fue un período de persecuciones que sufrieron, inicialmente promovidas por las autoridades religiosas del Judaísmo, al decidir éstas, que las nuevas creencias en Jesús Nazareno, surgidas en grupos minoritarios de Jerusalén y otras ciudades de Judea, constituían un grave riesgo para la tradición y leyes judía y para el estatus social de los sacerdotes, levitas y escribas. De este modo se describe la oración de los cristianos, suplicantes:

Porque verdaderamente en esta ciudad se han aliado Herodes y Poncio Pilato con las naciones y los pueblos de Israel contra el santo siervo Jesús, a quién has ungido, para realizar lo que en tu poder y en tu sabiduría habías predeterminado que sucediera. Y ahora, Señor, ten en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos que puedan predicar tu Palabra con toda valentía, extendiendo tu mano para realizar curaciones, señales y prodigios, por el nombre de su santo siervo Jesús.” (Hechos de los Apóstoles 4. 27-31).


Se corresponde con la etapa pre-cristiana de Saulo, judío ferviente y conocedor de los libros del Antiguo Testamento, que persiguió a los primeros cristianos, considerados como una secta herética del Judaísmo, y testigo de la lapidación y muerte de Esteban.

Y gritando a grandes voces se taparon sus oídos, y se arrojaron a una sobre él, y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon. Y los testigos dejaron los vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. Y apedrearon a Esteban, que oraba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, gritó con fuerte voz: Señor: no les tengas en cuenta este pecado. Y dicho esto, se durmió. Y Saulo consentía en su muerte.

Surgió en aquel día, una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén; y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria. Y a Esteban le enterraron unos varones piadosos, e hicieron sobre él gran luto. Saulo, en cambio, asolaba la Iglesia, entrando por las casas, y arrastrando hombres y mujeres, los encarcelaba.” (Hechos de los Apostoles 7. 57-59 y 8. 1-3):


En segundo lugar, esta persecución a los cristianos, iniciada con Herodes Antipas, bajo el imperio de Tiberio, prosiguió con Herodes Agripa, rey de Judea, siendo emperadores de Roma, Calígula que murió asesinado en el año 41 d.C, y Claudio, que le sucedió. Se sabe que Herodes Agripa, ordenó degollar al apóstol Santiago, hermano de Juan, y encarcelar a Pedro. (Hechos de los Apóstoles 12.1-3). La persecución contra los cristianos, de la que hay referencias del martirio de Pedro y Pablo en Roma, y que posiblemente aconteció en la década de los 60, se intensificó a raíz del incendio de la ciudad de Roma, en el año 64 d.C, atribuido a ellos, por el emperador Nerón, que ordenó duras medidas contra los cristianos. Durante un largo período, se fueron alternando etapas de mayor o menor tolerancia, hasta el año 250 d.C. en el que Decio, emperador del imperio romano, aprobó un Decreto por el que se ordenaba encarcelar a los cristianos e incautar sus bienes, si no rendían cultos a los dioses de Roma. Aunque es difícil estimar las personas que fueron perseguidas, los historiadores hablan de represalias de los cristianos que formaban parte, incluso, de las legiones romanas, ya fuesen soldados u oficiales y de funcionarios. Sin embargo la mayor persecución tuvo lugar en el año 303 d.C. y siguientes, siendo emperadores Diocleciano y Galerio, al publicar éstos, un Edicto contra los Cristianos, por el que se les prohibía el culto, tener templos, y propiedades, con penas de cárcel e incluso con la pena de muerte, así como el ejercicio de cualquier cargo público, civil o militar. Esta persecución cesó siendo emperadores Constantino y Majencio en 311, y abolida con la publicación del Edicto de Milán en el año 313.


No sólo el recuerdo de la Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret, formó parte, inicialmente de la tradición oral entre las primeras comunidades cristianas y posteriormente, por escrito en la cuatro evangelios: de Marcos, Mateo, Lucas y de Juan, como es bien conocido, lo que perduró en la memoria colectiva; sino también la experiencia vivida por las primeras generaciones de cristianos, con las persecuciones, expolio y muerte, decretadas por las autoridades del imperio romano. Estas circunstancias fueron determinantes, para comprender el significado del sufrimiento en el primer cristianismo y su alcance, en el conjunto de su doctrina, como elemento constitutivo de sus ideas y creencias. No ha sido un elemento marginal en el conjunto de la tradición cristiana, aunque en sí mismo no abarca la totalidad del mensaje cristiano. De otra parte, el legado cultural y religioso del Judaismo, analizado anteriormente, ejerció una influencia muy importante en la formación doctrinal del cristianismo, dado que la educación de Jesús de Nazaret y de los Apóstoles que la hubiesen recibido, sería en sus familias y en las escuelas rabínicas. Es un hecho que el Cristianismo surgió en el seno de la comunidad judía, asentada en Judea y Galilea, anexionadas al imperio romano, desde que Pompeyo las sometió a la dominación de Roma en el año 67 a.C. Por aquellos años, eran emperadores de Roma: Cesar Augusto, bajo cuyo poder nació Jesús de Nazaret; Tiberio, bajo cuyo poder, Jesús de Nazaret fué condenado a la crucifixión en Jerusalen, siendo representante del emperador en Judea, Poncio Pilatos; al que le siguieron sucesivos emperadores: Calígula, Claudio, Nerón y otros. Los principales acontecimientos del Cristianismo, inicialmente, tuvieron lugar bajo el reinado de Herodes el Grande, Arquelao, Herodes Antipas y Herodes Agripa, sobre los territorios a uno y otro lado del río Jordán, (Galilea, Judea, Samaria e Idumea) que reconocían la autoridad y las leyes de Roma.


II


PEDRO Y PABLO: FORJADORES DEL CRISTIANISMO


Se les considera como las dos figuras mas importantes del primer Cristianismo y por esta razón, se analizan algunos aspectos de interés, para el tema que nos ocupa: el sufrimiento. Tanto Pedro, amigo y fiel discípulo de Jesús de Nazaret, desde los primeros momentos de su vida pública, como Pablo, tras su conversión , posterior a los hechos de la Pascua, ofrecen aspectos y matices a considerar.


Respecto de Pedro, en su discurso al pueblo, ofrece un resumen de los hechos relevantes acaecidos en torno a la muerte de Jesús de Nazaret:

Entonces Pedro, tomó la palabra y dijo: Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación, el que le teme y practica la justicia le es grato. Él ha enviado su palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la Buena Nueva de la paz, por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. Vosotros sabéis, lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo, cómo Dios, a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder; y cómo el pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él; y nosotros somos testigos, de todo lo que hizo en la región de los judíos, y en Jerusalén, a quien llegaron a matar, colgándole de un madero. A éste, Dios le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de aparecerse, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano; a nosotros que comimos y bebimos con él, después que resucitó de entre los muertos.” ( Hechos de los Apóstoles 10.34-41)


Contrapone la imagen del enviado y ungido de Dios, para anunciar la Buena Nueva de la paz a los hijos de Israel, que recorrió los caminos de Judea y Galilea, haciendo el bien y curando a los oprimidos de sus males; con los hechos que finalmente sucedieron en Jerusalén, matando a Jesús, colgado de un madero, máxima pena y humillante, que solía imponerse a los criminales. Esta contraposición de imágenes y hechos, indica que a Jesús de Nazaret, le infligieron al mismo tiempo, un sufrimiento físico hasta la muerte, y un sufrimiento moral por no aceptar su mensaje de paz, entrega y amor al desvalido y enfermo. Y anunciaba Pedro, que, a ese hombre que los judíos despreciaron y mataron, Dios le había resucitado, porque Dios vence al sufrimiento y a la muerte. Aunque en el anterior discurso de Pedro, se indica que la muerte de Jesús tuvo lugar en Jerusalen, sin señalar la responsabilidad y culpabilidad de ese crimen, sin embargo en otros pasajes es más explícito :

Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros, con milagros y y señales que Dios obró por medio de él, entre vosotros, como vosotros mismos sabéis; a este que fue entregado según determinado designio y conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; a éste, pues, Dios le resucitó librándole de las ataduras de la muerte, pues no era posible que quedase bajo su dominio.”. (Hechos de los Apóstoles 2. 22-24)


Reiteraba Pedro, en otro pasaje, dirigido a los israelitas, su responsabilidad en la muerte de Jesús, y también en la denegación de la prerrogativa de gracia o indulto, que Poncio Pilato deseaba conceder a Jesús; y se la pidieron, por el contrario, a favor de un criminal llamado Barrabás.

El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando éste estaba decidido a ponerle en libertad. Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se concediera el perdón a un asesino, y matasteis al autor de la vida. Pero, Dios le resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.” (Hechos de los Apóstoles 3. 13-15)


Para Pedro, la responsabilidad directa de la tortura y de la muerte de Jesús, era tanto del pueblo de Israel como de sus autoridades religiosas y por esta razón anunciaba el perdón a aquellos que se arrepintiesen de sus pecados y de la muerte de Jesús.

Ya se hermanos, que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. Pero Dios dio cumplimento de este modo, a lo que había anunciado por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería. Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al que os había sido destinado, Cristo Jesús.“ (Hechos de los Apóstoles 3.17-19):


Al final de su vida, Pedro conoció la persecución contra él y sus hermanos en la fe, intensificada por el emperador Nerón, tras el incendio de la ciudad de Roma en el año 64; y en este contexto, pudiera interpretarse que se hace referencia indirectamente al incendio de Roma al hablar del fuego, pero lo más relevante para él, era compartir ese sufrimiento, con el que padeció con Cristo

Queridos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en medio de vosotros para probaros, como si os sucediera algo extraño. Más bien alegraos, en la medida que participáis en el sufrimiento de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria. Dichosos de vosotros, si sois injuriados por el nombre de Cristo, pues el Espíritu de gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros. Que ninguno de vosotros, tenga que sufrir, ni por criminal, ni por ladrón, ni por malhechor, ni por entrometido, pero si es por cristiano, que no se avergüence, que glorifique a Dios, por llevar este nombre.” ( I Epistola de San Pedro. 4.12- 16)


La vida y la obra de Pablo de Tarso, en la formación del Cristianismo ha sido de una enorme importancia, tanto por la amplitud de su doctrina, como por sus numerosos viajes por ciudades del mediterráneo oriental, anunciando el Evangelio de Jesucristo, y su influencia en las sucesivas generaciones de cristianos de los dos milenios transcurridos. Su vida pasó, de ferviente judío que persiguió a los cristianos, hasta entusiasta seguidor de Jesús de Nazaret, al que personalmente no llegó a conocer; y finalmente, fue a morir en Roma como mártir, probablemente también, en la década de los 60. Su brillante personalidad, respondía a su carácter y forma de ser y a su formación en la tradición de la doctrina del Judaísmo; su capacidad dialéctica y elocuencia llama la atención, en la defensa que hizo de su nueva identidad religiosa, en presencia del procurador romano Félix y del pontífice Ananias, ante la acusación de incitar alborotos y ser jefe de la secta de los nazarenos


Pablo, después de concederle la palabra el procurador, respondió: Yo sé que desde hace muchos años, eres juez de esta nación; por eso voy a exponer mi defensa. Tú mismo lo puedes comprobar. No hace más de doce años que yo subí a Jerusalen, en peregrinación, Y ni en el Templo, ni en las sinagogas, ni por la ciudad me han encontrado discutiendo con nadie, ni alborotando a la gente. Ni pueden tampoco probarte las cosas de que ahora me acusan. En cambio, te confieso que según el Camino, que ellos llaman secta, doy culto al Dios de mis padres, creo en todo lo que se encuentra en la Ley y está escrito en los Profetas, y tengo en Dios la misma esperanza que éstos tienen, de que habrá una resurrección, tanto de l,os justos, como de los pecadores. Por eso, yo también me esfuerzo por tener constantemente una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres.” ( Hechos de los Apóstoles 24. 10-16):


Intentaba Pablo, formando parte de la comunidad cristiana, ofrecer una nueva orientación a sus creencias religiosas, sin renunciar a las raices del Judaismo. A esta tarea se dedicó, intentando conciliar la tradición de Moisés y de los Profetas con las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Esta es una de las claves para entender la asunción del legado cultural y religioso de la Antigua Alianza por el Cristianismo, que será llamada Nueva Alianza. El análisis de Pablo acerca del sufrimiento difiere en alguna medida, del formulado por Pedro y elabora un giro teológico, cuya raíz está en la interpretación que hace de la desobediencia de Adán en el Jardín del Edén, tal como queda reflejado:

Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así la muerte alcanzó a todos los hombres, porque todos pecaron; ya antes de la Ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa, no existiendo ley. Sin embargo reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aún sobre los que no pecaron, lo mismo que pecó Adán, el cual es figura del que iba a venir. Más el don no fue como el delito; pues, si por la caída de uno, murieron todos, mucho más la gracia de Dios y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo, superó en todos.(…..). Por tanto si por la caída de uno, la condenación alcanzó a todos los hombres, así también por la justicia de uno, llega a todos los hombres la justificación de vida.” ( Epístola a los Romanos 5.12- 15):


Con la finalidad de proclamar y resaltar la salvación traída por Jesucristo para todos los hombres, Pablo toma como argumento el pecado de Adán, y la muerte, como castigo. De este modo, si por un sólo hombre, Adán, que pecó, vino la muerte y el sufrimiento a toda la humanidad, igualmente, por un sólo hombre, Jesucristo, vino la salvación. Es un mensaje expresado en un lenguaje de gran sencillez y comprensión, para ser aceptado por los judíos y los gentiles conversos. Pablo, para algunos exégetas, utiliza el paradigma del castigo por el pecado de Adán que se transmite a sus descendientes, tomando literalmente el texto del Génesis. La misma cultura de los dramaturgos griegos, era valedora del castigo de los dioses por los pecados, y que Pablo, probablemente, conocía de sus frecuentes viajes a las ciudades griegas, Esta misma idea, está formulada en la Epístola a los Hebreos, atribuida al apóstol Pablo, aunque no de forma unánime, comparando, de una parte, el sacrificio y la sangre derramada de becerros y machos cabríos, ordenados por Moises, como prueba de la Antigua Alianza, y de otra, la sangre derramada en la cruz por Jesucristo:

Pues debería haber padecido él, muchas veces desde la creación del mundo; más ahora se ha manifestado una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para la destrucción del pecado, por el sacrificio de sí mismo. Y del mismo modo, que está establecido que los hombres mueran una sola vez y luego el juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez, para quitar los pecados de muchos, se aparecerá por segunda vez sin pecado, a los que le esperan para su salvación. (Epístola a los Hebreos.9.26-28):


A partir de este enfoque, una importante corriente del Cristianismo ha interpretado que los pecados de la humanidad han sido los causantes de la muerte de Jesucristo, marginando la interpretación de Pedro, antes indicada. Esta interpretación mayoritaria, independientemente de que tenga o no, su fundamento en la Epístola a los Romanos, imputa la responsabilidad y culpabilidad de la muerte de Jesús de Nazaret, a la humanidad por causa de sus pecados, frente a la visión de Pedro, que vivió más estrechamente los hechos, y que de forma clara, atribuía dicha responsabilidad, a las autoridades religiosas judías y al pueblo que exigía su muerte.


III


EL SUFRIMIENTO QUE VIÓ Y VIVIÓ JESÚS


La información que proporciona la lectura de los evangelistas Marcos, Mateo, Lucas y Juan, probablemente escritos por diferentes comunidades cristianas, bajo la advocación de los citados apóstoles, permiten profundizar, en algunos rasgos de la visión que tenía Jesús de Nazaret, acerca del sufrimiento de la humanidad. Cabe señalar varias dimensiones del sufrimiento, con escasas variaciones de unos a otros evangelistas. A saber:

a).- La actitud de Jesús de Nazaret ante el sufrimiento del prójimo y de la gente que le seguía y acompañaba, y su disposición a favor de estas personas, de modo preferente.

b).- El sufrimiento moral de Jesús de Nazaret ante las autoridades religiosas judías y ante Poncio Pilato.

c).- El sufrimiento físico infligido a Jesús de Nazaret por las autoridades religiosas y políticas de su época.


a)- Ante el sufrimiento de las gentes.

En primer lugar, la actitud de Jesús, ante el sufrimiento de las gentes sencillas del pueblo, fue curarles de sus enfermedades y todo tipo de dolencias. Hay, quienes salían a su encuentro, ante las noticias de su presencia y cercanía, pidiendo su curación ( leprosos, ciegos, la hija de Jairo, etc); hay otros, que Jesús encontraba en los senderos y pueblos por los que caminaba (paralítico, hijo de la viuda de Naín, la muerte de Lázaro) en los que, él tomaba la iniciativa. Son numerosos los hechos que se narran y todo ellos contribuyeron a resaltar el poder de sanación y curación que tenía Jesús de Nazaret.

Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, predicando Buena Nueva del Reino y curando todo tipo de enfermedades y toda dolencia en el pueblo. Su fama se extendió por toda Siria; y le traían todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó. Y le seguía una gran muchedumbre, de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.” (Mateo 4.23-25).


Asimismo, la respuesta que el propio Jesús dio a la pregunta de los discípulos de Juan el Bautista, era toda una credencial de presentación, en un lenguaje propio de la tradición de los profetas.

¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?. Jesús les respondió. Id y contad a Juan, lo que oís y veis: los ciegos ven, y lo cojos andan, lo leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; y dichoso aquél que no se escandaliza de mí.” (Mateo 11.3-6)


Asimismo, Jesús proclamaba que el Reino de Dios era preferentemente de los que padecían algún tipo de sufrimiento, destacando entre otros:

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan, y digan con mentiras, toda clase de mal contra vosotros, por mi causa.” (Mateo 5.1-11)


Confirmó la opción del que sufre, nuevamente, al anunciar los criterio de la justicia de Dios, al final de los tiempos :

Venid benditos de mi padre, recibid la herencia del reino que está preparada para vosotros, desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y me vinisteis a ver (Mateo 25.34-37).


b)- Ante el sufrimiento moral personal.

En segundo lugar, se destaca el sufrimiento moral y emocional, de carácter personal, que sufrió Jesús, al ser rechazado y perseguido por las autoridades religiosas judías; tanto de la clase sacerdotal, como de los sectores, en principio con un mayor conocimiento de las leyes de Moisés y de los Profetas: sacerdotes del Templo, levitas, fariseos, escribas y saduceos, a los que quiso convencer de la Buena Nueva del Reino de Dios que él anunciaba. Este sufrimiento debió ser una angustia existencial profunda, como se describe en el huerto de Getsemaní o en el monte de los Olivos, para otro.

Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Y les dijo: Mi espíritu siente tristeza de muerte; quedaos aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco cayó en tierra y suplicaba así: Padre mio, si es posible, que pase de mi este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como tú.” ( Mateo 26.37-39)


El prendimiento en el huerto de Getsemaní, y su comparecencia ante el Sanedrín, aumentó su angustia y sufrimiento moral, cuando reunidos los sacerdotes, ancianos y escribas formularon acusaciones, seguidas de las palabras del Sumo Sacerdote, que presidía el Sanedrín.

El Sumo Sacerdote le dijo: yo te conjuro por Dios vivo, que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Dícele Jesús: Sí, tú lo has dicho. Y yo declaro que a partir de ahora, veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes del cielo. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y dijo: ¡Ha blasfemado!, ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?. Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?. Respondieron ellos diciendo: Es reo de muerte.” (Mateo 26.62-66)


Finalizada la reunión del Sanedrín, fue entregado a Poncio Pilato, como autoridad representante del poder del emperador de Roma, para que sancionase el veredicto emitido por el Sanedrin, circunstancia que debió producir un sufrimiento aún mayor, al oír el griterío de la gente enviada por las autoridades religiosas, pidiendo la pena de crucifixión, a fin de presionar y coaccionar a Poncio Pilato, que habia ofrecido el indulto a Jesús. Y aquél aceptó la coacción y el chantaje cuestionando las mismas leyes romanas: la condena de un hombre justo, consciente de su inocencia.


c)- Ante el sufrimiento físico personal.

Por último, en los distintos evangelistas se narran los hechos de la Pasión y Muerte de Jesús, con gran detalle, poniendo de manifiesto el sufrimiento físico infligido por los soldados, al ser azotado, coronado con espinas, y con la cruz sobre sus hombros, hasta el lugar de la crucifixión, a quien se podía aplicar el anuncio del profeta (Isaias 53.3-4) : “Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias”. La muerte de cruz en la época de los romanos, era aplicada a los delitos muy graves, generalmente de sangre, y en este caso, lo fue por una acusación religiosa totalmente injusta. Llama poderosamente la atención, la fuerte atracción y profundo respeto que en el Cristianismo se ha tenido a la imagen del crucificado, como símbolo de todo tipo de sufrimiento y crueldad del justo e inocente.












sábado, 27 de marzo de 2021

 

EL SUFRIMIENTO EN LAS DISTINTAS CULTURAS

(II)


EL SUFRIMIENTO EN EL JUDAISMO


I


EL ORIGEN DEL MAL


La amplitud de los textos bíblicos, sitúan el origen del sufrimiento en los siguientes hechos :

Tomó, pues Yahveh Dios, al hombre, y le dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. Y Dios impuso al hombre este mandato: De cualquier árbol del jardín, puedes comer, más del árbol de la ciencia del bién y del mal, no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.” .( Génesis 2.15-17):

El lenguaje utilizado es de gran belleza literaria, por el uso de la metáfora, para expresar el enigma que encierra en sí mismo, hasta el punto, que más allá de la literalidad, se pueden formular distintas interpretaciones.

En primer lugar, la obligación encomendada al hombre de cuidar y conservar la Tierra, para preservar la obra de la creación, haciéndole partícipe y responsable de la misma, constituye una declaración de hondo calado al involucrar a la humanidad en esta tarea. Es un mandato que guarda cierta lógica, con la preocupación de las resoluciones de numerosas Conferencias Internacionales sobre la Conservación y Sostenibilidad del Medio Ambiente, celebradas en las últimas décadas bajo el amparo de Naciones Unidas; y de distintos movimientos de opinión, a favor de preservar la Ecología y el Planeta Tierra, a la luz de estudios científicos relativos a los cambios atmosféricos y calentamiento global. Igualmente, es de interés resaltar, que esta interpretación del texto citado (Génesis 2. 15-17), es coherente con lo desarrollado en la Encíclica Laudatio Sí, del Papa Francisco.

Un segundo análisis del texto citado, permite considerar que la prohibición de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, expresa en un lenguaje simbólico, el dilema ético que suscita el hombre con su conducta, al estar obligado a elegir entre la bondad y la maldad, lo que es bueno y lo que es malo, sin entrar en más detalles. El ser humano está condenado a discernir, en el transcurso de su vida, entre lo que considera el bien y el mal, para preservar su vida como individuo, la de la colectividad a la que pertenece y la del planeta Tierra, dentro de la inmensidad del Universo. La interpretación inversa, nos llevaría a considerar que la finalidad de la prohibición, literalmente, sería impedir que el hombre accediese al conocimiento de lo que es bueno y malo, sumergirle en la ignorancia de la dimensión ética de la vida y del conocimiento superior, acorde con la evolución del Homo Sapiens. Las consecuencias de la prohibición para el hombre, supondría permanecer en un estado estacionario, que caracteriza, presuntamente, al conjunto de los seres de vida animal, cuyos actos siguen lo que les dicta sus instintos básicos, pero carecen del grado de conciencia suficiente y capacidad para adquirir el conocimiento necesario y discernir entre el bien y el mal, ser libres, y tener una conciencia reflexiva, y ser consciente de sí mismo.

En un momento posterior, se consumó el acto de la desobediencia de Adán y Eva según

Es que Dios sabe muy bien, que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal. (…....). Entonces se les abrieron a entrambos, los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos...”(Génesis 3.4-5)

Siguiendo el lenguaje simbólico y de la metáfora, abrir los ojos puede significar el descubrimiento de la sabiduría que está en el árbol de la ciencia del bien y del mal y su transformación en dioses. Esta nueva mirada, pudo corresponder a una etapa del estado de la evolución de la especie Homo, ya fuese el Homo Erectus, el Homo Sapiens Neardentalis o el Homo Sapiens Sapiens, en los últimos centenares de miles de años, en la que tuvo lugar un salto cualitativo. Varios factores, entre otros, cambios genéticos y biológicos, hicieron posible que emergiese una nueva conciencia de su identidad, accediendo al conocimiento y al discernimiento moral de la conducta. De este modo, y en este proceso de la evolución humana, el texto bíblico introduce la libertad que le concedió el Creador al hombre, para decidir en buena medida, el significado de su vida y de su destino. Hasta ese momento, ignoraban y no tenían conciencia de su fragilidad, su vulnerabilidad y su contingencia ante el entorno natural que le rodeaba, pero en ese proceso evolutivo, “llegaron a sentirse desnudos”, arrojados a la existencia, desprotegidos y vulnerables, rompiendo la armonía con la naturaleza y desorientados con la pérdida del estado puramente natural, del que gozaban.

Continuadores de esta tradición hebrea, recibida del Génesis, los profetas, que condujeron al pueblo de Israel y de Judea, como intermediarios entre aquél y Yahveh, transmitieron y desarrollaron a lo largo de varios siglos, el paradigma cultural del origen del sufrimiento. Asimismo relacionaron la maldad de los hombres, muy distinta de los planes de Yahveh en el momento de la creación, y el castigo que deseaba infligirles. Así se lee en , al decidir Yahveh enviar el diluvio:

Viendo Yahveh, que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los pensamientos que ideaba su corazón era puro mal de continuo, le pesó a Yahveh de haber hecho su hombre sobre la tierra y se indignó en su corazón. Y dijo Yahveh: Voy a exterminar de sobre la faz del suelo, al hombre que he creado - desde el hombre, hasta los ganados.........” (Génesis 6. 5-8)


II


LA ANTIGUA ALIANZA


Sin embargo, posteriormente, se forjó la Antigua Alianza, entre Yahveh y Abraham que será el inicio de una elación privilegiada entre ambos, al marchar Abraham a la tierra de Canaán, siguiendo el mandato de Yahveh y posteriormente a Egipto,

Aquel día, firmó Yahveh una alianza con Abraham diciendo: A tu descendencia he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el Río Grande, el río Éufrates (….).Y Dios le habló así: Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido. Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de tí. Y estableceré mi alianza entre nosotros dos, y con tu descendencia después de ti, de generación en generación, una alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo y el de tu posteridad. Yo te daré a ti y a tu posteridad, la tierra en que andas como peregrino, todo el país de Canaán, en posesión perpetua, y yo seré el Dios de los tuyos.” (Génesis 15. 18 y 17. 5-8):

Entre los grandes profetas del Judaismo, destacó especialmente Moisés, quién, aunque de origen hebreo, residía en Egipto, en la corte del Faraón, al que Yaveh le encomendó una misión difícil: convencer a los hebreos de que la voluntad de su Dios era liberarlos de la esclavitud en Egipto, según

Por tanto di a los hijos de Israel: Yo soy Yahveh. Yo os libertaré de los duros trabajos de los egipcios; os libraré de su esclavitud y os salvaré con brazo tenso y castigos grandes. Yo os haré mi pueblo y seré vuestro Dios, y sabréis que Yo soy Yahveh, vuestro Dios, que os sacaré de la esclavitud de Egipto. Yo os introduciré en la tierra que he jurado dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la daré en herencia. Yo Yahveh.”

(Éxodo 6.6-8)

La Antigua Alianza se desarrolló y se consolidó con la promulgación de las Tablas de la Ley, dadas por Yahveh a Moisés, ante los israelitas, cerca del monte Sinaí, según narra :

Entonces pronunció Dios todas estas palabras diciendo: “ Yo Yahveh, soy tu Dios, que te he salvado del pais de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí.........” en las que se enumeraban los preceptos del Decálogo que debían regir la vida del pueblo de Yahveh y darle conciencia de pueblo elegido. (Éxodo 20.1-21)

La exhortación de Moisés al pueblo de Israel, en un lenguaje amable y cercano, recordaban los mandatos de Yahveh, en

Escucha Israel, cuida de practicar, lo que te hará feliz y por lo que te multiplicarás, como te ha dicho Yahveh, el Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel. Escucha Israel, Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh. Amarás a Yahve, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Queden en tu corazón, estas palabras que yo te he dicho hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas, tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado.....” (Deuteronomio 6.3-7):

La transgresión de estos mandatos constituiría motivo grave, para que recayera sobre aquéllas conductas la ira de Yahveh; como sucedió con la adoración del becerro de oro y sucesivamente, en otros momentos, durante la travesía del desierto, como les recordaría Moisés.

Acuérdate que irritaste a Yahveh en el desierto. Desde el día que saliste del país de Egipto, hasta la llegada a este lugar, habéis sido rebeldes a Yahveh. En el Horeb irritasteis a Yahveh y Yafveh montó en tal cólera contra vosotros, que estuvo a punto de destruiros. Yo había subido al monte, a recoger las tablas de piedra, las tablas de la alianza que Yahve había concertado con vosotros. Permanecí en el monte, cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan, ni beber agua. Yahveh me dió las dos tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios, en las que estaban todas las palabras que Yahveh os había dicho en medio del fuego, en la montaña, el día de la Asamblea. Al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, después de darme las dos tablas, las tablas de la alianza, me dijo Yahveh: “ Levántate, baja de aquí a toda prisa, porque tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto, se ha pervertido. Bien pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito: se han hecho un ídolo de fundición.(.....).” Y vuestro pecado, el becerro que os habíais hecho, lo tomé y lo quemé; lo hice pedazos, lo pasé a la muela hasta que quedó reducido a polvo y tiré el polvo al torrente que baja del monte.”(Deuteronomio 9. 7-12):

La actitud de protesta del pueblo israelita, contribuyó a moldear en el texto bíblico, una imagen de Yahveh, antropomórfica, excesivamente deshumanizada por la dureza del lenguaje, muy radical, proclive a la ira y a la venganza por la desobediencia de su pueblo.

Yahveh habló a Moisés y a Aarón y dijo: ¿Hasta cuando ese pueblo perverso, que está murmurando contra mí?. He oído las quejas de los israelitas que están murmurando contra mí. Diles, por mi vida -oráculo de Yahveh- que he de hacer lo que habéis hablado a mis oídos. Por haber murmurado contra mí, en este desierto, caerán vuestros cadáveres, los de todos los que fuisteis registrados y contados, de veinte años para arriba. Os juro que no entraréis en la tierra en la que, mano en alto, juré estableceros”. (Números 14.26-30).


El paradigma cultural del Judaismo, relacionaba toda manifestación de sufrimiento, con la transgresión de los mandatos de Yahveh y la dimensión colectiva del pecado de su pueblo, desde la desobediencia de Adán, hasta el segundo milenio con Moisés.


III


DEPORTACION Y CAUTIVERIO


Posteriormente, en el primer milenio a.C. destacaron los profetas Isaias y Jeremías, que vivieron etapas de la historia muy complejas, de gran inestabilidad, como consecuencia de los movimientos geopolíticos de Oriente Medio, en el que el territorio se los disputaban el imperio Asirio y el imperio Egipcio. Los pueblos pequeños que habitaban la región, estaban obligados a concertar alianzas para protegerse. En ese contexto histórico, a la muerte del rey Salomón, a finales del siglo del siglo X a. C, sobrevino la división de Israel, en el reino del Norte y el reino de Judea en el Sur, debilitando la fortaleza material y moral de los israelitas. La división del reino de Israel fue seguida de la deportación a Nínive, de los israelitas del Norte en el sigo VIII, y de la deportación a Babilonia, de gran parte de los habitantes de Judea en el siglo VI, momentos vividos por algunos de los profetas. La interpretación que dieron a los hechos, respondía al mismo paradigma que procedía del antiguo Judaísmo: las penalidades y sufrimientos que sufrían los israelitas y los judíos, eran la manifestación del castigo de Yahveh, por ser culpables de alejarse del cumplimiento del Decálogo, del espíritu de justicia y de la Antigua Alianza. He aquí alguno de los oráculos dirigidos llenos de indignación:

¡Ay! los que aprueban decretos inicuos y los escribientes que escriben vejaciones, excluyendo del juicio a los débiles; atropellando el derecho de los pobres de mi pueblo; haciendo de las viudas su botín y despojando a los huérfanos. Pues,¿qué haréis para el día de la cuenta y de la devastación que de lontananza viene?.(Isaias10.1-3)

o anunciando la devastación a manos del rey de Asiria:

¡Ay Asur, bastón de mi ira, vara que mi furor maneja!. Contra gente impía voy a guiarlo, contra el pueblo de mi cólera voy a mandarlo, a saquear saqueo, y pillar pillaje y hacer que lo pateen como el lodo de las calles. Pero él no se lo figura así, ni su corazón así lo estima, sino que su intención es arrasar y exterminar gentes no pocas.” (Isaias 10.5-7)

´También forma parte de la tradición del Judaísmo, la explicación que da el Libro de Job, al sufrimiento. Este texto de la Biblia que se considera escrito entre los años 500 /400 a.C. tras la liberación de Babilonia, plantea en el marco de la tradición hebrea analizada anteriormente, cómo se justifica el sufrimiento del justo. En este paradigma cultural, el sufrimiento era un castigo colectivo de Yahveh al pueblo de Israel, por su desobediencia. De una parte, la de los amigos interlocutores de Job que reiteraban la doctrina antigua, aunque introducían la dimensión individual del sufrimiento y del castigo; según éstos, los justos recibían su recompensa en esta vida y los malvados eran castigados por sus malas obras. Ellos aducían una primera razón, argumentando que los pecados de Job, eran la causa de las adversidades que sufría: el asesinato de sus hijos, de sus criados, la destrucción de su ganado y de su casa. Discrepaba Job de la opinión anterior, al considerarse un hombre inocente y justo, que no había pecado, y no comprendía porqué Yahveh le trataba de forma injusta. Ante su queja y lamento, sus amigos alegaban otra posible razón que justificara el sufrimiento: Job sufría para ser probado en la fe y en la fidelidad a Yahveh. Finaliza la obra, con un Job arrepentido y suplicante, que no entiende los caminos de Yahveh, y éste le devuelve todo aquello que le fue arrebatado: hijos y bienes materiales.


Toda la tradición religiosa del Judaísmo se forjó, de una parte, con la Antigua Alianza que el pueblo Hebreo hizo con Yahve, su Dios, desde Abraham hasta Moisés y continuaron otros profetas. De otra, las grandes gestas del pueblo hebreo que marcaron sus tiempos históricos; desde su liberación de la esclavitud en Egipto hasta la llegada a la Tierra prometida, después de la travesía de 40 años por el desierto; los años del destierro y el cautiverio en Níniva y Babilonia, hasta la liberación otorgada por el rey persa Ciro el Grande, en el año 537 a.C.; su definitivo asentamiento en las tierras comprendidas entre el río Jordán y el mar Mediterráneo; vivieron allí, hasta la conquista de Pompeyo en el año 67 a.C., formando parte del imperio de Roma. La destrucción de Jerusalén en los años 70/73 d.C. ordenada por el emperador de Roma, Vespasiano, marcó una nueva etapa de sufrimiento y la diáspora del pueblo judío.






 

EL SUFRIMIENTO EN LAS DISTINTAS CULTURAS

(I)


I


EL GOZO Y EL SUFRIMIENTO


La primavera anuncia su llegada, con su vistoso colorido en este mes de Marzo con la flor de los almendros y cerezos, y el azahar de los naranjos. Y con la primavera, vuelven los recuerdos de nuestra infancia y juventud, los alegres y los menos. En estos día, recordamos con pesar, que hace un año, se extendió la pandemia del coronavirus, como un relámpago en la noche, por todos los rincones de la Tierra, llevándose la vida de millones de personas y extendiendo el sufrimiento a muchos hogares. Pero también, en estos días, la nueva vida que nace en los jardines, los prados y en los bosques, nos invita a disfrutar de la alegría y de los recuerdos de esa infancia y juventud, que ya no vuelve, en interminable lucha con el dolor, como lo expresara el poeta Antonio Machado ( 1875-1939):

“Abril florecía frente a mi ventana. Entre los jazmines y las rosas blancas de un balcón florido, vi las dos hermanas. La menor cosía, la mayor hilaba... Entre los jazmines y las rosas blancas, la más pequeñita, risueña y rosada- su aguja en el aire- miró a mi ventana (…...).

Abril florecía frente a mi ventana. Una clara tarde, la mayor lloraba entre los jazmines y las rosas blancas y ante el blanco lino que en su rueca hilaba. ¿ Qué tienes-le dije- silenciosa pálida?. Señaló el vestido que empezó la hermana. En la negra túnica la aguja brillaba; sobre el velo blanco, el dedal de plata. Señaló a la tarde de abril que soñaba, mientras que se oía tañer las campanas. Y en la clara tarde me enseñó sus lágrimas.

Abril florecía frente a mi ventana. Fue otro abril alegre y otra tarde plácida. El balcón florido solitario estaba. Ni la pequeñita risueña y rosada, ni la hermana triste, silenciosa y pálida, ni la negra túnica, ni la toca blanca.” (1). Antonio Machado. Poesias Completas. Pags. 111-112.Espasa Calpe. 2001.Madrid.

La gran sensibilidad de Machado, nos transmite la tragedia del sufrimiento, que afecta a los seres humanos que caminamos por la vida, entre las flores y los aromas del mes de Abríl.

También Pedro Calderón de la Barca, (1600-1681), pone en los labios de Segismundo, un grito desgarrador, desde su prisión:

¡Ay mísero de mi! y ¡ Ay infelice!. Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así, qué delito cometí, contra vosotros naciendo, aunque sí nací, ya entiendo qué delito he cometido. Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor, pues el delito mayor del hombre es haber nacido.” (2) Pedro Calderón de la Barca. La Vida es Sueño. Alhambra. Madrid 1980

La manifestación de Segismundo ¡Ay mísero de mí! Y ¡Ay infelice!, es muy expresiva y refleja el sufrimiento que le embarga, por haber nacido en este mundo, para estar encerrado en una cárcel, y encadenado al cuerpo, esperando la muerte. Es, el sentimiento trágico de la existencia el que vive Segismundo.

El sufrimiento, para nuestra perplejidad y asombro, tiene múltiples rostros. Ante este gran enigma, la humanidad ha dado diferentes respuestas, según la diversidad de culturas, ya fuesen las religiones, los filósofos y los poetas, no del todo satisfactorias, para muchos seres humanos. Aproximarnos y captar las distintas dimensiones del antagonismo entre el gozo de la vida y el dolor, no es tarea fácil, y entraña un reto de una gran complejidad. No obstante, intentamos esbozar algunas tentativas, sin ser exhaustivo, que lo han pretendido, en el transcurso de la historia.


II


EL HINDUISMO Y EL BUDISMO


El Hinduismo es un conjunto de creencias y prácticas, cuyo origen está en el Brahmanismo, y que se extendió progresivamente por la India, donde lo practican la inmensa mayoría de su población india, en torno a 1.000 millones de personas, aunque es minoritaria en algunos países del sureste asiático. Es una religión politeista que da culto a muchos dioses, aunque los más importantes son Brahma, el dios de la creación, Vishnú el dios de la conservación, del orden, la paz y el amor y Shiva, el dios de la destrucción, acompañadas de unas prácticas diversas que se realizan en el hogar, en los templos y en la purificación de los creyentes, bañándose en el rio Ganges así como en la incineración de los muertos en la orilla del mismo rio, arrojando al Ganges sus cenizas. Los textos más importantes del Hinduismo son Los Vedas que compilan himnos y ritos sacrificiales (el más importante es el Rig -Veda), que se corresponden al período anterior al Hinduismo, durante la vigencia del Brahmanismo ( 1500-700 a.C). Posteriormente, se unieron los textos de los Brahmanas, en los que se daba culto al creador del Universo, del que procedía el principio creador y sobrenatural y que era el fundamento de todos los seres creados. Durante el Brahmanismo, se estableció el sistema de castas, al frente de las cuales, estaban los brahmanes, sacerdotes responsables de los sacrificios rituales que se practicaban, y de velar el orden social establecido ( brahmanes, gobernantes y soldados, artesanos y comerciantes, esclavos, siervos y campesinos) y al margen, los intocables o parias. Esta condición social tenia consecuencias prácticas en la vida, que nadie podía quebrantar, prevaleciendo la casta heredada, para no transgredir el orden moral cósmico, a la hora de decidir la modalidad de trabajo, contraer matrimonio, compartir alimentos etc., coartando la libertad personal.


Sin embargo, esta orientación del Brahmanismo, suscitó una reacción que dio lugar, a un movimiento formado por grupos críticos del poder que tenían los brahmanes, que acaparaban riquezas y daban una gran importancia al culto ritual de los sacrificios. Aquellos grupos, por el contrario, hacían vida de eremitas y vivían en los bosques, como maestros, que se reunían con sus discípulos para meditar y buscar el brahman o realidad absoluta y última del Universo y el sentido de la existencia humana. Buena parte de estas enseñanzas están en los textos del Upanishad. Así los describe el poeta y escritor indio, Rabindranah Tagore (1861- 1941), premio Nobel de Literatura en el año 1913.

Los más grandes maestros de la India antigua, de nombres imperecederos, vivieron en el bosque. En la orilla umbría de algún río sagrado o de algún lago del Himalaya, hacían su altar de fuego, apacentaban su ganado y cultivaban el arroz y las frutas para su alimento. La naturaleza era su hogar y el de sus esposas y sus hijos; y en su seno meditaban sobre los problemas más hondos del alma, con toda la creación y la comunicación con el Ser Supremo. Sus discípulos se congregaban a su alrededor, y así recibían sus enseñanzas sobre la verdad inmortal, en el lugar de la verdad, de la paz y del alma libre “ (3) Rabindranaz Tagore. Obra Escogida: Prólogo: Morada de Paz. Pag. 17 y 18. Edit. Signo. Madrid 1933.

Es el mismo poeta Rabindranaz Tagore, quien narra, con una gran belleza literaria, su experiencia añorando la sabiduría de los viejos maestros que vivían en el bosque y en la orillas de los ríos:

Después tuve una visión de la plenitud de vida interior alcanzada por la India en el solemne apartamiento de sus bosques, cuando el resto del mundo comenzaba apenas a despertar. Comprendí claramente que la India se había abierto y ensanchado, durante muchos siglos, el camino que conduce a una vida más allá de la muerte, mucho más alta que esta idealización del egoísmo político y esta codicia insaciable de la acumulación. La voz me llegó en la lengua veda, desde los santuarios del pasado y me decía: venid a mí, como los ríos al mar, como los días y las noches al completarse de su ciclo anual. Demos y enseñemos la verdad en medio de la luz resplandeciente. No nos peleemos unos con otro. Vayan derechos nuestros pensamientos a su bien supremo. Respondió mi corazón, y decidí hacer cuanto pudiera por volver a la superficie, para nuestro cotidiano uso y diaria purificación, el raudal de los ideales que nacieron en la cumbre de nuestro pasado y corrían ahora subterráneos por lo más hondo del suelo de la India: la sencillez de la vida, la claridad de visión espiritual, la pureza del corazón, la armonía con el universo, la conciencia de la personalidad infinita en toda la creación.” (4). Rabindranaz Tagore. Obra escogida. Prólogo: Morada de Paz. Pags. 19 y 20. Edit. Signo. Madrid 1933.


Aunque hay diversas escuelas o corrientes, tienen en común la creencia en un ciclo cósmico que se crea se destruye y se renueva periódicamente, y al que estamos unidos los seres humanos por causa de la reencarnación. En consecuencia, el dolor y el sufrimiento actual, tienen su origen en el “karma” que señala la influencia que tienen las conductas de las vidas anteriores, en el presente, y por esta razón la liberación del dolor y del sufrimiento, pasa necesariamente por librarse de la reencarnación o renacimiento, a través de las conductas adecuadas, que rompan y destruyan el ciclo cósmico que lleve a la reencarnación. Así lo describe el historiador Edwin Oliver James ( 1888-1972) al hablar de la reencarnación o “karma”:

De acuerdo con esta doctrina, el destino de todo hombre, está determinado por una ley inexorable de acción y reacción, “el karma”, hasta que, con la liberación o moksa, cesa la sucesión de renacimientos (samsara). Todo pensamiento, toda palabra, toda acción tiene sus consecuencias en la fijación de la suerte del individuo en sus existencias futuras. Por tanto, cada vida, con todos sus placeres y penalidades, es el resultado necesario de las acciones de las vidas pasadas, y, a su vez, por sus propias actividades, se erige en causa de futuros nacimientos. Lo que el hombre siembra, eso mismo recoge en sucesivos retornos a la tierra dentro de un nuevo cuerpo, que puede ser el de un místico, el de un paria, el de un perro o el de un cerdo.(5) E.O.James. Historia de las Religiones. El Lejano Oriente, Pag.26 y 27. Biblioteca de El Sol .Alianza Editorial. Madrid 1991.

Los caminos para la liberación del ciclo cósmico de la reencarnación se interpretan de forma distinta, según sean, las orientaciones de la escuela de la Via del Conocimiento, que propone la meditación, el yoga y las buenas obras, con la finalidad de alcanzar la identificación del yo (atman) con la realidad divina (brahman), o bien, las orientaciones de la escuela de la Vía de las Obras, mediante la observancia y la práctica de los ritos sacrificiales y deberes tradicionales, con la finalidad de adquirir méritos para alcanzar la liberación de la reencarnación en sucesivas vidas futuras, en virtud de lo que dispone la ley del “karma”.


El Budismo, cuya doctrina fue elaborada por Siddharta Gaudama, el Buda, que vivió en la India entre el siglo VI y V, es un conjunto de creencias y de prácticas morales, que articulan básicamente, una concepción moral sobre la vida, pero generalmente, no es considerada una cosmovisión religiosa. Esta ampliamente extendido en Asia, aunque su presencia disminuyó progresivamente en la India a partir del siglo VII d.C., hasta su práctica desaparición en la Edad Media, ante la expansión del Hinduismo. En el Budismo existen varias corrientes, aunque parten de una premisa y un diagnóstico común: la vida de los seres humanos vive inmersa en el sufrimiento, y sus causas proceden: del nacimiento, de la enfermedad, del transcurso de la vida y de la muerte. Para afrontar esta angustia existencial, Buda propone una vía de ascetismo por la que ha de transitar “el creyente” a través de la meditación y el desarraigo de los sentimientos, emociones y pasiones, que atan a los seres humanos, hasta la reencarnación, recibiendo la iluminación . A su vez, este camino de la iluminación tiene como fase final el estado del Nirvana, en el que los seres humanos quedan liberados de todas las ataduras y servidumbres humanas, alcanzando su plenitud, conservando estrictamente aquellas que son elementales para sobrevivir ( el alimento, el vestido y el techo) y los lazos de convivencia de la comunidad en la que viven.


La doctrina budista contenida en el Canon Pali, texto en el que están compiladas las enseñanzas de Buda, considera que el deseo y el estado de ansiedad que suscita la búsqueda del placer y del bienestar material, además de ser una ilusión, provoca una constante insatisfacción. Por ello, es necesario abandonar los deseos y la búsqueda del placer y de las emociones para superar el sufrimiento. Fundamentalmente es una visión ética y una vía ascética, en la que no existe una concepción religiosa propiamente dicha. Propone unas creencias y prácticas para acceder a la iluminación, que en último termino, llevan al estado del Nirvana, que en la cultura occidental, recuerda la practicada por la contemplación de los místicos, pero con una diferencia importante entre una y otra. La vía contemplativa occidental parte de la premisa de una relación con un Ser transcendente, que da sentido a su existencia y al sufrimiento, en tanto que la iluminación en el Budismo, aspira a alcanzar el Nirvana y de este modo la liberación del sufrimiento. La presencia del Budismo ha disminuido en algunos países asiáticos, singularmente en la India, donde nació Buda y su doctrina, aunque conserva su arraigo en gran parte de China, Japón, Nepal, Thailandia, y otros. En los paises occidentales ha adquirido cierto reconocimiento, aunque su presencia es minoritaria.


III


LOS FILÓSOFOS DE GRECIA


En la antigua Grecia, las distintas corrientes de pensamiento ofrecieron paradigmas que divergían entre sí, para explicar la existencia del dolor y del sufrimiento, ya fuesen los estoicos, los discípulos de Platón o los de Aristóteles. Todos ellos, no obstante, tenían en común, algunas cuestiones que pueden contribuir a la reflexión, en la sociedad actual.


En primer lugar, diferenciaron entre el dolor o sufrimiento físico, que tiene su origen en la enfermedad y la muerte, de una parte, y el dolor o sufrimiento moral, de otra, que tiene su origen en las decisiones y actos adoptadas por los seres humanos. El dolor y el sufrimiento físico forma parte de la naturaleza constitutiva del Universo y singularmente de los seres vivos, en el que estamos integrados y del que somos una partícula muy pequeña del mismo; y además, estamos sujetos a las leyes físicas y bioquímicas que rigen el ciclo de la vida. Por el contrario, el dolor y sufrimiento moral está íntimamente ligado a la libertad de los hombres, en sentido genérico, que condiciona las relaciones entre los individuos y grupos sociales; en definitiva, sujetos a las leyes y a las formas de la organización social, económica y política que deciden los pueblos y sus dirigentes.


En segundo lugar, tanto la escuela estoica, la platónica como la aristotélica, se centraron principalmente, en dar una respuesta al sufrimiento moral, desarrollando la Ética, que regula la conducta de las personas, proponiendo la practica de la virtud, la justicia, la convivencia y la paz . En este contexto cultural, surgió el sistema político de la Democracia en Atenas en la época de Pericles, frente a los sistema alternativos de la Aristocracia y la Tiranía, de la que era exponente la ciudad de Esparta, organizada para la guerra. Para afrontar esta modalidad de sufrimiento, consideraban necesario, fortalecer la voluntad, el control de los sentimientos y de los sentidos, distanciándose de los bienes materiales, de los placeres y de las apariencias; enaltecían el camino de la templanza, la moderación, la racionalidad, el amor y vivir de acuerdo con las leyes de la naturaleza, y el camino de la justicia. Así lo señala Platón ( 427- 347 a.C) en su obra El Banquete:

A continuación se ha de hablar sobre la virtud del Amor. Lo más importante es que el Amor no comete injusticia contra Dios, ni contra los hombres, ni la recibe tampoco de Dios o de hombre alguno. Tampoco padece violencia, si es que padece de algo, pues la violencia no toca al Amor. Asimismo, cuando obra, no ejerce violencia, porque todo el mundo sirve al Amor de buen grado en todo, y aquello que convienen dos por propia voluntad dicen “las leyes reinas de la ciudad” que es justo. Pero, aparte de la justicia, participa además de la mayor templanza. Pues, según se opina comúnmente, la templanza es el dominio de los placeres y de los deseos, y no hay ningún placer mas fuerte.(.........) El Amor, por ser, ante todo sumamente bello y excelente en sí, es causa después para los demás de otras cosas semejantes.(6) Platón. El Banquete. Edit. Orbis.Pags.67 y 69. Barcelona 1983.


Desde la Ética, para los filósofos griegos, los seres humanos, podían asumir el sufrimiento físico que conlleva la condición trágica de la existencia, de su vulnerabilidad y fragilidad; aceptando con entereza y fortaleza, las leyes físicas y bioquímicas del Universo, y su apertura al conocimiento, a la virtud, a la belleza y al misterio de la vida. Aristóteles, en su obra Ética a Nicómaco, nos ofrece su visión de la virtud:

Pues, la virtud, como más ilustre cosa y de mayor valor que toda cualquier arte, también inquiere el medio como la naturaleza misma. Hablo de la virtud moral, porque ésta es la que se ejercita en los afectos y acciones, en las cuales hay exceso y defecto, y su medio, como son el temer y el osar, el codiciar y el enojarse, el dolerse, y generalmente el regocijarse y el entristecerse, en todo lo cual puede haber más y menos, y ninguno de ellos, ser bien. (7) Aristóteles. Ética a Nicómaco. Pags. 83. Barcelona 1983

Asimismo identifica, de una parte, la justicia con la ley:

Parece, pues, que así el que traspasa las leyes, como el que codicia demasiado, y también el que no guarda igualdad, se dice injusto, y así también claramente, aquel se dirá ser justo, que vive conforme a ley y guarda igualdad en el trato de las cosas; y lo justo será lo que es conforme a ley, y lo injusto, lo que es contra la ley y desigual. (…..). Y pues, el que traspasa las leyes es injusto, y justo el que las guarda, cosa cierta es que todas las cosas legítimas, serán en alguna manera justas. Porque todas las cosas determinadas por la facultad de poner leyes son legítimas, y cada una de ellas, decimos ser cosa justa. Las leyes, pues, mandan todas las cosas, dirigiéndolas, o al bien común de todos, o de los mejores, o de los más principales en virtud o en cualquier otra manera. De una manera, pues, decimos ser justas las cosas que causan y conservan la felicidad y los miembros de ella en la civil comunidad.”(8) Aristóteles. Ética a Nicómaco. Pag.154. Ediciones. Orbis. Barcelona 1983.

Y de otra, considera que la justicia es perfecta.

La justicia, pues, encierra en sí y comprende todas las virtudes, porque es el uso de la virtud que es más perfecta. Y es perfecta, porque el que la posee, puede usar para con otro la virtud, y no para consigo mismo solamente.(.........). De manera, que justicia no es una sólo una especie de virtud, sino una suma de todas las virtudes. Ni su contraria, la sin justicia es una especie de vicio, sino una suma de todo género de vicios. En qué difiera, pues, esta justicia y la virtud, de lo que está dicho se entiende claramente.(9). Aristóteles. Ética a Nicómaco. Pág. 155. Ediciones. Orbis.Barcelona 1983.


IV


DRAMATURGOS GRIEGOS Y LA TRAGEDIA


En la literatura del siglo V a.C., los autores dramáticos de la Grecia clásica: Esquilo, Sófocles y Eurípides, canalizaban las creencias populares y la presencia de los dioses de la mitología, en la trama humana. De este modo plantearon en sus tragedias, entre otras cuestiones, la relación y supeditación de las leyes humanas a las leyes de los dioses, dentro de la mitología griega. Para Esquilo y Sófocles, los hombres han de obedecer a las leyes de la naturaleza y a la de los dioses, conforme a la mitología griega, antes que a las leyes de los hombres, en tanto que Eurípides, más racionalista, duda y cuestiona la opimión de los otros dramaturgos. Así, Sófocles (496-404 a.C.) pone de manifiesto en su obra Antígona, que debieran prevalecer las leyes de los dioses sobre las leyes de los hombres. A la pregunta que formula Creonte, rey de Tebas, a Antígona, hermana de Polinices, cuyo cuerpo muerto, fue enterrado por Antígona a las afueras de la ciudad, desobedeciendo la orden de Creonte, de no enterrarlo:

Creonte: Entonces ¿ te atreviste a transgredir estas leyes?.

Antígona: No fue Zeus, en modo alguno, el que decretó esto, ni la Justicia que cohabita con las divinidades de allá abajo; de ningún modo fijaron estas leyes entre los hombres. Y no pensaba yo que tus proclamas tuvieran una fuerza tal, que siendo mortal, se pudiera pasar por encima de las leyes escritas y firmes de los dioses. No son de hoy ni de ayer, sino de siempre estas cosas y nadie sabe a partir de cuando pudieron aparecer.(.......)“ (10). Sófocles. Antígona. Pag. 190. Alianza Editorial. Madrid 2005


Asimismo, en la antigua Grecia, Esquilo y Sófocles, argumentaron, que el sufrimiento físico y moral que afligía a la humanidad, era el castigo de los dioses por transgredir los hombres las leyes divinas, al ser culpables de ofender a los dioses. Especialmente Esquilo, muy cercano a las creencias religiosas populares y a la mitología griega, hacía extensiva la culpabilidad no sólo a los autores directos de la transgresión u ofensa, sino también a los ascendientes y descendientes de ellos. Sin llegar a la radicalidad de Esquilo, Sófocles presenta en su obra “Edipo Rey” escrita e inspirada en la peste que asoló Atenas en el siglo V, la tesis de que la ofensa a los dioses, y la declaración de culpabilidad conlleva el castigo. La trama de su obra es investigar las causas de las desgracias del pueblo de Tebas, afligido por la peste y por esta circunstancia el rey Edipo, envió a Creonte, al templo de Apolo, para consultar al oráculo de Delfos. Preguntado por Edipo, responde Creonte:

Creonte: Está bien. Voy a decir de parte del dios. Nos ordena con toda claridad el soberano Febo ( Apolo), que una mancha que, según dice él, ha crecido en esta tierra nuestra, la expulsemos de la región y no la alimentemos hasta el punto de que se haga incurable.

Edipo: ¿ Con qué clase de purificación?. ¿Cuál es el carácter de la desgracia?.

Creonte: Con el destierro o reparando una muerte con muerte de nuevo, puesto que esta sangre es la que está sacudiendo la ciudad.” (11).Sófocles. Edipo Rey. Pág.237. Alianza Editorial. Madrid 2005.

A continuación, el enviado a Delfos, se dirige a Edipo y le informa que el origen de la tragedia y de los males que padece la ciudad es el asesinato de Layo, anterior rey de Tebas, como causa de los males que padece la ciudad; y señala a Edipo como culpable del asesinato, sobre el que ha recaer el castigo de los dioses.

Creonte: Muerto éste, manda ahora el dios, con toda claridad que se le vengue, castigando con energía los autores, quienes quiera que sean.” (12). Sófocles. Edipo Rey.Pag 238. Alianza Editorial. Madrid 2005.


Respecto de la figura del dramaturgo Eurípides (480-406 a.C.), se aprecia en él, la sensibilidad y la complejidad de una personalidad, que duda y cuestiona las certezas de la sociedad, muy próximo, en cierto modo a la mentalidad moderna. Así nos lo presenta el filólogo y especialista en la cultura clásica, Carlos García Gual (1943) al referirse a Eurípides:

Efectivamente, esa veta ilustrada, racionalista, ese empeño en analizar los motivos y las pasiones mismas, desde una perspectiva lógica, esa crítica a los viejos mitos y a las creencias tradicionales, esa duda constante, respecto a la justicia y la opresión de las relaciones sociales, esa desconfianza en la religión y en las leyendas transmitidas desde antaño, todo eso caracteriza el discurso de muchos personajes de Eurípides. Mucho menos seguros de sí mismos, mucho menos equilibrados en su disposición heroica, pero mucho mejor descrito psíquicamente, más complejos y más próximos al hombre de la calle, que los protagonistas de Sófocles o de Esquilo; los personajes de Eurípides expresan en sus planteamientos, en sus discusones dialécticas, en sus indecisiones y dudas, la complejidad de ideas y la crisis intelectual y moral de esa época. Hay en nuestro autor una tendencia al realismo (....) que lleva a una crítica y una demoledora visión del universo mítico, paradigmático y tradicional, que proporciona al teatro trágico, sus argumentos.” (13). Carlos García Gual. Prólogo. Tragedias. Eurípides. Pág.16. EDAF. Madrid 1987.

Referido a sus últimas tragedias, añade Carlos García Gual:

En el conflicto trágico se enfrentan algunos principios fundamentales de la sociedad griega: lo masculino y lo femenino, la familia y la cofradía religiosa; lo sabio según las normas cívicas y un nuevo credo religioso; la ordenación de la ciudad y el entusiasmo de las fiestas agrestes y orgiásticas; lo griego y lo bárbaro, lo apolíneo y lo dionisíaco, en sentido nietzscheano, y el cruel final deja un amargo sabor.” (14) Carlos García Gual. Prólogo. Tragedias. Eurípides. Pág.26. EDAF. Madrid 1987


En definitiva, para los dramaturgos griegos, en diferentes grados, no existen fronteras entre los hombres y los dioses para explicar la existencia del dolor y del sufrimiento en la humanidad. Sin duda, sobre el hombre que se desvía de las leyes de los dioses y del camino de los justos, recae el estigma de la culpa y el castigo de los dioses. Este marco cultural acerca de la causa desencadenante del sufrimiento humano, influirá en la posteridad.