DON CARNAL y DOÑA
CUARESMA
I
El Carnaval. Sus orígenes
En el
invierno del presente año, las fiestas de Carnaval se han
celebrado de forma muy distinta a lo que venía siendo habitual, a
causa de la actual crisis sanitaria originada por el SARS-CoV- 2.
Rompiendo, en gran medida, la nota de colorido, música y ritmo que
en muchas décadas habían inundado calles y plazas de muchas
ciudades y pueblos en Europa y en América Latina. Serán unos
días de fiesta, con fuertes medidas de seguridad o simplemente
suspendidos, como ya lo fueron el pasado año, las Fallas de
Valencia, las procesiones de Semana Santa, de San Fermin en
Pamplona y tantas otras manifestaciones culturales. Aunque en
aquel año se celebraron las fiestas de Carnaval, porque aún se
desconocía el alcance de la pandemia, este año ha sido
distinto. Sin embargo, este tiempo de silencio puede ser un momento
idóneo para reflexionar y analizar su origen, su alcance y su
significado en las sociedad actual.
Su origen se
sitúa, para unos, en las fiestas en honor de Dionisos, hijo de
Zeus, en la mitología griega, que fueron acogidas durante la
república de Roma, en honor de Baco, hacia el año 200 a.C. y
por ello fueron denominadas bacanales. Estas fiestas, que se
organizaban , en los alrededores de la ciudad de Roma entre los días
16 y 17 de Marzo, fueron prohibidas por el Senado en el año 186
a.C., por considerar que en ellas, se conspiraba contra los
dirigentes políticos y las instituciones de la república. No
obstante, siguieron celebrándose aunque menos. Baco, en la
mitología romana, era el protector de los viñedos y de los
efectos estimulantes del vino que provocaban una bacanal y un
ambiente de embriaguez y libertinaje.
Otros
historiadores, consideran que los antecedentes del Carnaval están
en las fiestas luparcales que se celebraban en Roma en honor a
Luparca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo, donde se
enaltecia la sexualidad masculina, el 15 de Febrero. Otros ven sus
antecedentes, en las fiestas saturnales en honor de Saturno,
protector de la agricultura, que solían celebrarse en Roma del 17
al 24 de Diciembre. Eran días próximos a la fiesta del Sol
Invictus, en el que se iniciaba la nueva luz con la entrada del
invierno y se celebraban en el Foro Romano. Parece más probable,
que los antecedentes del Carnaval se sitúen, dada la proximidad
del calendario, en Febrero y Marzo, en las fiesta en honor de Baco
o de las organizadas en honor de Luparca, aunque los excesos que
se cometían en la comida y la bebida y otros placeres, eran muy
parecidos.
Sin embargo,
tras la subida al poder del emperador Constantino el Grande, a
principios del siglo IV d.C. y una vez decretada la libertad
religiosa para los cristianos, las nuevas autoridades religiosas del
Cristianismo, acordaron la celebración de la Pascua, en la que se
recordaba la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Esta fiesta
cristiana, era precedida de un período de cuarenta días, durante
el que se prescribía la penitencia, el ayuno y la oración, que se
denominó Cuaresma y que ponía fin a las fiestas bacanales y las
luparcales. Desde ese momento, la Cuaresma ofrecía un modelo
cultural alternativo y distinto de las antiguas fiestas romanas, que pasaron a denominarse Carnaval.
Dos visiones y dos visiones culturales que se contraponían y que
estaban presentes en la sociedad de la época, en los que se
expresaban, de una parte, el enaltecimiento de la vida y sus
placeres, y la importancia de la austeridad, del esfuerzo y la
disciplina de la vida interior, de otra.
II
Auge del
Carnaval en la Edad Media
Estas
distintas miradas coexistieron muchos años, como demuestra la
preocupación que San Isidoro de Sevilla tenia en el siglo VII con
el arraigo de estas fiestas de Carnaval, de origen pagano. Según
las crónicas medievales, hasta el siglo X, las fiestas de Carnaval
no tuvieron una mayor difusión, salvo su presencia en alguna
ciudades. Los nuevos movimientos migratorios que se sucedieron al
final de la Edad Antigua, durante el siglo V y VI, en los
territorios del imperio de Roma, al ser invadidos por pueblos
germánicos: francos, godos, ostrogodos, visigodos, suevos y alanos
no favorecieron la expansión del Carnaval, aunque no
desaparecieron. A partir del siglo VII las conquistas musulmanas
consolidaron su poder y costumbres sobre aquellos, en la península
ibérica, y en el norte de Africa. La violencia de las guerras que
se sucedieron en este período, no creó un clima adecuado para
recuperar antiguas costumbres. No obstante se conservaron en
algunas ciudades durante el período visigodo, como se sabe por
las opiniones de San Isidoro de Sevilla, ya indicadas. A ello hay
que sumar la importancia de una sociedad principalmente rural,
dentro de unas estructuras sociales y económicas propias de la
sociedad feudal, en la que los castillos y los monasterios, eran
las sedes de los señoríos y el referente del poder económico
y militar en manos de la nobleza, del alto clero y de su influencia
en los usos y costumbres sociales.
Será a
partir del siglo XII y durante el Baja Edad Media, cuando abundan
las crónicas acerca del Carnaval, poniendo de relieve, que estas
fiestas se extendían gracias al crecimiento y auge de las
ciudades; al desarrollo del comercio, el trabajo de menestrales,
artesanos y de sus cofradías; y también potenciada por la
liberación de los siervos de la gleba, que abandonaban los campos
y buscaban mejores oportunidades de vida en los burgos y ciudades,
que crecían en torno a los castillos y monasterios. Estos cambios
económicos impulsaron una serie de transformaciones sociales, que
influyeron en las clases sociales y en las costumbres; estos cambios
favorecieron un notable apogeo del Carnaval, como expresión de
la liberación de amplios sectores populares y burgueses, respecto
del poder de la nobleza y del clero, fomentado una actitud
crítica. En esta época, la celebración de las fiestas de Carnaval
suponía un movimiento cultural en el que participaban todos los
sectores sociales. Se liberaban de prejuicios sociales, y los
sectores menos favorecidos proferían fuertes críticas y burlas,
dirigidas a los mas poderosos, ya fuesen burgueses, nobles y
clero, recurriendo a panfletos, coplas, máscaras y disfraces para
ocultar la identidad de las personas. También eran días en los
que la abundancia de la comida, especialmente carnes y consumo de
vino, con bailes callejeros y comparsas daban lugar a excesos, que
simultaneaban con actitudes licenciosas y orgías.
III
El
Carnaval
en el Libro de Buen Amor
Para una mejor comprensión de este antagonismo cultural Carnaval / Cuaresma, es interesante detenerse en la figura de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, provincia de Guadalajara, que vivió en el siglo XIV, y escribió el Libro de Buen Amor en el que trata de la pelea de Don Carnal y Doña Cuaresma, del que el historiador Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984 ) nos ofrece su contexto histórico:
“Nacido quizás en una villa como Alcalá, aburguesada desde hacía tiempo y arcipreste en otro centro urbano, alejado del estruendo caballeresco, vivió en una Castilla, que después de la gesta histórica comenzaba a abrirse a una nueva vida. Juan Ruiz perteneció además, a una generación que había presenciado al alargamiento de la reconquista, los desastres de la guerra civil, la ascensión del pueblo al primer plano de la vida política y el despliegue económico del reino.”(1)
Para caracterizar a continuación, el lenguaje del Arcipreste de Hita, como burlón, satírico e irónico, propio del espíritu burgués que avanzaba en las ciudades medievales:
“ Me inclino a creer que la ironía de Juan Ruiz ha sido muy dejada de lado como faz esencial del Libro de Buen Amor. Nadie ha pensado, por ejemplo, en relacionarla con un primer relampaguear del espíritu burgués en la Castilla del trescientos. Sin embargo, me parece seguro que Juan Ruiz inició ese cambio en la sensibilidad literaria castellana (....)En cuanto tuvo de disidencia, de ruptura y de novedad frente a lo teocentrico, lo caballeresco, lo vasallatico, lo señorial...el espíritu burgués empezó a manifestarse mediante burlas, más o menos vivaces, de todo lo que había constituido hasta allí, el eje de la vida medieval. Mediante burlas salidas de hombres inquietos y cargados de humorismo, que al contemplar el mundo en torno, sentían estallarles en el pecho, una carcajada, más benévola que sañuda, ante ideas, instituciones, prácticas, usos, formulas ...hasta allí ancladas en el común asentimiento, pero que empezaban a perder autenticidad vital. (…......). Juan Ruiz iluminó con sus sonrisa nada sañuda la gran comedia humana de su época y se burló de la vida religiosa, de la vida caballeresca, de las prácticas piadosas, de los ejércitos y batallas, de la justicia, de la clerecía, de los teoréticos rigores morales y hasta del mismo buen amor. Con el Buen Amor, sopla en Castilla por primera vez, el espíritu burgués en lo que tenia de ruptura crítica frente a las ideas, las instituciones, las normas, los valores, las fórmulas consagradas por la tradición. (…........).La modernidad de la ironía de Juan Ruiz estriba precisamente en su bufo enfrentamiento con una sociedad en trance inicial de crisis cuando el humorismo contemporáneo se enfrentó con ella. Bajo el reinado de Alfonso XI (fallecido en 1350), se inició el giro decisivo hacia una sociedad nueva. Enpezaron a caducar muchas ideas y muchos valores antes, inconmovibles y al parecer eternos. Apenas lo sospechaban los contemporáneos. El Arcipreste con sus parodias puso el dedo en la llaga”(2)
Desde la perspectiva de la sociedad actual, cabría pensar que el lenguaje satírico y mordaz del Arcipreste de Hita, era compartido por sectores minoritarios de esa burguesía incipiente que aspiraba al poder económico y social, alejado de las masas populares. Sin embargo, no fue esta la percepción popular de la época, según Claudio Sanchez Albornoz:
“De ahí su éxito entre el pueblo. Entre el pueblo menos rudo, bárbaro y sañudo que antaño, pero más seguro del tambalearse de la torre clerical y caballeresca, hasta allí muy firme, ante los golpes de ariete de la monarquía. Obsérvese que la realeza, contra la que se habían alzado los cantares de gesta, escapa casi excepcionalmente, a la befa general del Arcipreste contra todo y contra todos, y es invocada ( la monarquía) como instancia suprema de apelación.” (3)
Entrando
en el fondo del tema que más nos interesa, merece recordar cómo
describe el Arcipreste de Hita, de forma simbólica y satírica
la pelea de Don Carnal y Doña Cuaresma, que se inicia al ser
desafiado y retado Don Carnal a través de dos cartas, en castellano
medieval, que le envía Doña Cuaresma. En la primera le dice:
“ De
mi, santa Quaresma, sierva del Salvador, embiada de Dios a todo
pecador, a todos los arçiprestes e clérigos sin amor, salud en
Jhesú Cristo fasta la Pascua Mayor. Sabed que me dixeron que ha
çerca de un año, que anda Don Carnal sañudo, muy estraño,
astragando mi tierra, faziendo mucho daño, vertiendo mucha sangre,
de lo que más me asaño. E por aquesta razón, en vertud de
obediençia, vos mando firmemente, so pena de sentençia, que por mí
e por mi Ayuno, por mi Penitençia, que l´desafiedes luego con mi
carta de creençia. Dezidle de todo en todo que, de oy en siete días,
la mi persona mesma e las conpañas mías, iremos pelear con él e
con sus porfías; creo que no s´nos tenga en las carneçerías.
Dadla al mensajero esta carta, leída, llévala por la tierra, non la
traya escondida, que non diga su gente que non fué aperçibida.”
(4)
Nuevamente,
Doña Cuaresma le desafía a la batalla en el campo para que
cumpla su mandato:
“
Otra carta traía abierta e sellada, una concha muy
grande de la carta colgada; aquél era el sello de la dueña
nombrada; la nota es aquesta, a Carnal fué enbiada: De mí, Doña
Cuaresma, justiçia de la mar, alguaçil de las almas que se han de
salvar, a tí, Carnal goloso, que no t´coidas fartar, embiote el
Ayuno por mi desafiar; desde hoy en siete días, tú e tu
almohalla, (huestes) que seades conmigo en canpo, a la
batalla; hasta el Sábado Santo darvos he lid sin falla; de muerte o
de lisión no podrás escapalla.”(5)
Don
Carnal reaccionó con orgullo y a la defensiva como describe el
mismo Arcipreste de Hita:
“Las
cartas resçibidas, Don Carnal argulloso mostró en sí esfuerço,
pero estava medroso; non quiso dar respuesta, vino muy acuçioso,
troxo muy grande mesnada, como era poderoso. Desque vino el día del
plazo señalado, vino Don Carnal ante; está muy esforçado, de
gentes bien guarnidas, muy bien acompañados.(6)
De
inmediato, Don Carnal revisó sus huestes, organizó las lineas de
defensa y de ataque en campo abierto, de forma muy imaginativa y
concienzuda, a la espera de Doña Cuaresma:
“Puso
en la delantera muchos buenos peones: gallinas e perdices, conejos
e capones, ánades e gordos ansarones, fazían su alardo çerca de
los tizones. Éstos traían lanças de peón delantero, espetos muy
cumplidos de fierro e madero; escudávanse todos con el grand
tajadero: en la buena yantar éstos viene primero. En pos de los
escudados están los ballesteros: las ánsares çeçinas, costados
de carneros, piernas de puerco fresco, los jamones enteros; las
puestas de la vaca, lechones e cabritos allí andan saltando e dando
grandes gritos; luego los escuderos, muchos fresuelos friscos que dan
de las espuelas a los vinos bien tintos.(7)
Pasando
revista a su mesnada en forma de viandas y manjares exquisitos,
en los que no faltaban faisanes, gamos, jabalies, ciervos, liebres,
el cabrito montés, el buey y abundante vino, Don Carnal se sintió
satisfecho:
“
Estava Don Carnal ricamente assentado a mesa mucho
farta, en un rico estrado, d´esas muchas viandas era bien
abastado; delante sí juglares, como omne mucho honrado (….).
Desque vino la noche, mucho después de çena, que tenía cada uno la
talega llena, para entrar en facienda con la dueña serena;
adormiéronse todos después de en ora buena.(....) Faza la
medianoche, en medio de las salas vino Doña Quaresma: ¡Dios
Señor, tú me valas! Dieron bozes los gallos, batieron las alas,
fueron a Don Carnal aquestas nuevas malas. Como avía el buen omne
sobramucho comido, con la mucha vianda mucho vino bevido, estaba
apesgado e estava adormido, por todo el su real entró el apellido.
Todos amodorrados fueron a la pelea, pusieron las sus azes, ninguno
non pleitea.” (8)
De
la pelea no salió bien parado Don Carnal, frente a Doña
Cuaresma, y solicitó confesión:
“Vino
luego un fraile para lo convertir; començol a pedricar e en Dios a
departir; ovose don Carnal luego mucho a sentir, demandól
penitençia con grand arrepentir. En carta por escrito le dava sus
pecados, con sello de poridat çerrados e sellados; respondióle el
fraire que l´non seríen tomados; çerca esto le dixo muchos buenos
ditados: Non se faze penitencia por carta nin por escrito; sinon por
la su boca del pecador contrito; non puede por escrito ser
asuelto nin quito; mester es la palabra del confesor bendito.” (9)
Dejamos en suspenso, por ahora, las andanzas de Don
Carnal, arrepentido de sus excesos en el comer y beber y confesado
por un fraile, tal como cuenta el Arcipreste de Hita. Pero esta
historia no acaba aquí y se retomará más adelante, cuando
Doña Cuaresma imponga a Don Carnal una penitencia muy dolorosa.
IV
El
Carnaval en el Quijote y en la Edad Moderna
Tras el paréntesis originado por la pandemia de la
Peste Negra entre 1348 y1350 y otras posteriores, en toda Europa y
Oriente, se recuperó la costumbre de celebrar el Carnaval en las
principales ciudades, como lo reflejan las crónicas de la época.
Es Miguel de Cervantes (1547- 1616), quien, en opinión de algunos
estudiosos de su obra, traza un paralelismo notable entre el tono
crítico, satírico y burlesco de sus personajes, Don Quijote y
Sáncho Panza y los sucesivos personaje que van desfilando en sus
andanzas por las tierras de la Mancha, y las características del
Carnaval. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, es una
crítica satírica a los libros de caballería y de paso, a la
ficción y apariencias de los usos y costumbres de su época.
Asimismo, Cervantes confronta de una parte, la fantasía y los
sueños de Don Quijote con la dura realidad, incurriendo en
sucesivos errores, en opinión del historiador Américo Castro
(1885-1972):
“
El error puede consistir en la falsa interpretación
de una realidad física ( venta-castillo, molino-gigantes; carneros-
ejército; río Ebro- Océano, etc,etc); sus resultados, en fin de
cuentas, se sitúan siempre en la gama de lo cómico ( ridículo,
humorismo etc..)..........Hay un número considerable de personajes
que se engañan moralmente, fuera de los del Quijote, lo cual prueba
que se trata de una tendencia en el autor, de la que es caso máximo
su obra maestra.”(10).
Sus protagonistas confrontan el mundo imaginario y de
fantasía que anidaba en Don Quijote frente al realismo de Sancho,
ya fuese con Dulcinea del Toboso, cuando realmente era Aldonza
Lorenza; o en el episodio en el que Don Quijote arremetió contra
los molinos de viento, creyendo ver gigantes, que le dejaron
malherido, a pesar de los gritos de Sancho, advirtiéndole del
error; o el episodio de los galeotes y otras aventuras, de las que
destaca, cuando el Duque nombra a Sáncho Panza, gobernador de
la insula Barataria, ante las burlas de los nobles y aristócratas
disfrazados de plebeyos y siervos. Un mundo irreal, lleno de
burlas, ironía y ficción, a través del cual, Cervantes quiso
expresar su visión del mundo, subvirtiendo las formas, la
interpretación de la realidad, las normas legales y los códigos
morales, imperantes de la sociedad de su tiempo, tal como recuerda
Américo Castro:
“Así, en los galeotes, Cervantes intenta
hacernos ver que aquellos sujetos no deben ir a galeras; no hay
justa consecuencia entre los delitos y sus penas ( el torcido juicio
del juez). La sociedad y la justicia no debieron, moralmente, imponer
aquellos castigos, juzgados arbitrarios por don Quijote y por
Cervantes; henos ante un primero y fundamental error. Pero los
guardas están obligados, por su función, a no soltar a los
galeotes, punto de vista explicable, pero que Don Quijote, por
altos designios, cree de su deber violentar: segundo error. Los
galeotes están libres y aspiran a correr por el ancho mundo; su
libertador quiere que vayan con las cadenas a hacer pleitesía a
Dulcinea. Nueva incongruencia de dos puntos de vista: tercer error.
(…...)¿Tiene razón la justicia al condenar a los galeotes?¿La
tienen los guardas?,¿O los galeotes?o¿Don Quijote mandándoles ir
con sus cadenas a los pies de Dulcinea ?.“ (11).
Es precisamente esta falta de adecuación entre la
realidad y el mundo de Don Quijote, indicada por Américo Castro,
la que recorre el conjunto de la obra de Cervantes y sintoniza
con la dimensión satírica y crítica del Carnaval que ya
señalara Claudio Sánchez Albornoz, en su semblanza del
Arcipreste de Hita en el siglo XIV.
Durante el siglo XVI, especialmente en el reinado de
Carlos I y Felipe II, el Carnaval estuvo prácticamente
prohibido. Sin embargo, en América las fiestas de Carnaval
llegaron tras la colonización de españoles, portugueses y
franceses en el siglo XVI, como se confirma, con ocasión de la
visita de Fray Bartolomé de Las Casa a un pueblo llamado Ruinas de
Vega Vieja en el año 1520, al ser recibido con gran alborozo,
festejos y máscaras. El Carnaval en América tuvo un arraigo
notable, especialmente entre la población aborigen, mulatos y
esclavos africanos, incorporando elementos culturales propios,
especialmente en la música y en los bailes. Con la subida al
trono de Felipe IV siendo valído el Conde Duque de Olivares, se
levantaron dichas prohibiciones y volvieron a normalizarse
las fiestas carnavalescas, para languidecer con la llegada de
Carlos II. En la época de Felipe IV, durante las fiestas del
Carnaval, se realizaban innumerables sátiras y burlas, pero
también muchas bromas de muy mal gusto, que contribuían a su
descrédito por sus innumerables molestias.
Es interesante señalar la importancia que ha tenido y
tiene actualmente, el Carnaval de Venecia en la fiestas
celebradas en Europa. Su origen data de 1296 cuando el Dux de
Venecia lo autorizó a petición de su primer secretario
Christopher Tolive. En los días previos a la Cuaresma, la ciudad
era objeto de fiestas y la visitaban numerosos ciudadanos de
distinta procedencia, que se unían a los venecianos en los
paseos en góndolas, en las calles y en la plaza de San Marcos. Sus
máscaras, sus trajes lujosos, y sus bailes en los palacios de las
familias aristócratas, alcanzaron su mayor esplendor en el siglo
XVIII. En la actualidad, Venecia continúa celebrando las fiestas
de Carnaval, con sus vistosos e imaginativos trajes y máscaras,
llenos de colorido, inspirados en los que se usaban en el siglo
XVIII. Hubo períodos en los que el Carnaval de esta bella ciudad
italiana, fue prohibido, bajo el dominio de Napoleón en 1798 y
posteriormente durante el siglo XIX. Será progresivamente en el
siglo XX cuando volvió a recuperar el esplendor y prestigio de
antaño.
En España, la nueva dinastía de los Borbones volvió
a prohibir el Carnaval con Felipe V y Fernando VI, aunque fue
levantada dicha prohibición por Carlos III y restablecida nuevamente por
Carlos IV y Fernando VII. Se levantaron las prohibiciones a
partir de 1836, durante la minoría de edad de Isabel II, en el
período liberal. Este periodo de tolerancia se interrumpió
durante la dictadura de Primo de Rivera y la dictadura de Franco, y
se legalizaron durante la II República en el siglo XX. Con la
normalización de la Democracia en 1977, las fiestas de Carnaval
se restablecieron progresivamente en numerosas ciudades y
pueblos, y desde entonces, el centro de las fiestas no han sido los
excesos en la comida y en la bebida, sino la organización de
espectáculos, con desfiles de carrozas y bailes de disfraces, que
compiten por conseguir los mejores premios, todo ellos en un
ambiente lúdico. En menor medida, se ha preservado el sentido
crítico y satírico de la sociedad, que caracterizan a las
comparsas y chirigotas de Cádiz, como se ha venido poniendo de
manifiesto desde entonces en las fiestas de Carnaval hasta hoy.
Las comparsas y chirigotas de Cádiz, con sus concursos en el
teatro Falla y posteriormente con sus pasacalles a ritmo de
pasoboble por la ciudad, ejemplifican una mixtura de humor
gaditano y crítica social, como bien se refleja, a título de
ejemplo, en la letra de la chirigota “ Los Yesterday”que se llevó
el primer premio en el año 1999:
“Aunque
diga Blas Infante, andaluces levantaos, perdón que no me levante,
pero estoy mejor sentao. Bueno, via poner de
pié. Via dejar tonterías.
Venga,
una, dos y tres. Qué bonita es Andalucía. Venga, vamos a ponernos
serios,
que
vamos a cantar el himno. Los andaluces queremos volver a ser lo que
fuimos.
Lo
que fuimos antiguamente, pobres y vasallos. Siervos de terratenientes
de chulos a caballo.
Si este pueblo se disparata con la boda de un
mata vaca y la niña de una duquesa.
Si
este pueblo se le arrodilla a una espada y a una mantilla, este
pueblo me da vergüenza.
Menos
rollo de verdes lunares, de campiñas y de olivares. Que así luego
nos luce el pelo.
Casta.
Esta
y otras letras llenas de crítica mordaz, forman
parte del repertorio habitual del Carnaval de Cádiz, muy
distintas de los espectáculos que se organizan en Venecia, Santa
Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y de los desfiles a
ritmo de sambas en Rio Janeiro y en ciudades de Latino America
V
La
Cuaresma. Su origen.
La Cuaresma se instituyó en la época del emperador
Constantino el Grande, con ocasión de la celebración del Concilio
de Nicea en el año 325, que reunió a gran parte de los obispos de
la Cristiandad en Nicea, actual Turquía, para debatir
cuestiones canónicas, dogmáticas, de moral y costumbres, así como
de calendario. Entre las cuestiones que se debatieron y acordaron,
fueron, entre otras, la definición del contenido fundamental de
la fé en el “ Credo”; la fijación de la Natividad el 25
de Diciembre, a partir del aumento de la luz sobre el planeta
Tierra, tras el soslticio de invierno; la fijación de la celebración
de la Pascua conmemorando la Pasión, Muerte y Resurrección de
Jesús, durante una semana a partir del primer Domingo después de
la primera luna llena de la primavera; y la celebración de la
Cuaresma durante 40 días antes del inicio de la Pascua. Por
ello, la celebración de la Cuaresma determina la del Carnaval.
Muy probablemente, entre los Obispos y presbíteros
cristianos existía una gran preocupación por las fiestas que se
venían celebrando en honor a Baco y a Luparca, entre Febrero y
Marzo. Siendo conscientes que eran unas costumbres muy arraigada
en el pueblo romano, optaron por conservarlas al tiempo que,
establecieron un tiempo distinto llamado Cuaresma, orientado a la
práctica de la austeridad, la frugalidad, la solidaridad
compartiendo los bienes con los necesitados, el silencio, el
sacrificio y la oración, como preparación para la celebración de
la Pascua identificándolo con la estancia de Jesús retirado en
el desierto. La elección del tiempo de Cuaresma se inspiró en
el número 40 de la simbología bíblica: en los 40 años del
diluvio universal, en los 40 años de la travesía del desierto
cuando el pueblo hebreo marchó de Egipto a la búsqueda de la
Tierra prometida y también en los 40 días y noches que
permaneció Jesús en el desierto. En rigor, no quiere decir que
fuesen literalmente 40 días y 40 años, ya que este número
para los judíos simbolizaba el tiempo óptimo para alcanzar la
perfección, la conversión y la iluminación. En suma, respetaron
las costumbres festivas romanas, e impulsaron una cultura
alternativa que minorase sus consecuencias en la moralidad de las
costumbres, siguiendo los consejos de San Pablo, exhortando a dejar
el hombre viejo y fortaleciendo las virtudes del hombre nuevo.
VI
Contenido
y Penitencia de la Cuaresma
Los contenidos de la Cuaresma fueron en lineas
generales formulados por el Concilio de Nicea en el año 325. Sin
embargo, su práctica muy rigurosa al principio, fue desarrollándose
en los siglos siguientes, con especial atención al ayuno y
frugalidad en las comidas, abstinencia de carne, mesura en la
bebida y generosidad en la limosna. Paulatinamente fue mitigándose
su rigor, circunscribiéndose a los viernes y al miércoles de
ceniza, comprendidos dentro del período de los 40 días. Sin
embargo, el grito del profeta desde hacía varios siglos creó una
imagen de mayor autenticidad y profundidad ( Isaias 58.5-9 ):
¿Es
éste el ayuno que yo quiero, el día que se humilla el hombre?.
¿Había que doblegar como junco la cabeza en sayal y ceniza
estarse echado?. ¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yahveh . ¿No
será mas bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de
maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los
oprimidos y romper toda clase de yugo?. ¿No será partir tu pan con
el hambriento, acoger en tu casa a los pobres sin hogar?; ¿vestir
al que veas desnudo y no apartarte de tu semejante ?. Entonces
brotará tu luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente.
Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá.
Entonces clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro y
dirá: aquí estoy.”
En la práctica de la Cuaresma, generalmente los
cristianos de las distintas confesiones, han dado una orientación
individual al espíritu de penitencia, sacrificio,
ayuno y oración que lo inspira, olvidando con relativa frecuencia,
esa otra dimensión que recordaba el profeta Isaias: dar la
libertad a los oprimidos, partir tu pan con el hambriento, acoger a
los pobres y vestir al desnudo. Lamentablemente, sectores
de cristianos, en numerosos países apoyan a quienes marginan a los pobres, a los inmigrantes y a
otras minorías étnicas en América y en Europa.
De otra parte, en su obra El Libro de Buen Amor, el
Arcipreste de Hita anunciaba, con su lenguaje satírico y
sarcástico, que el Carnaval terminaba el Martes y daba paso al
Miércoles corvillo o de ceniza. Una vez vencido Don Carnal en
justa contienda, y arrepentido de haber llevado aquella vida
licenciosa, comenzaba el tiempo de Dª. Cuaresma, dando a
conocer la penitencia que el fraile puso a Don Carnal por su
vida anterior, centrada en los manjares de la mesa y en el ayuno:
“
Desque el santo fraire ovo a Carnal confesado diol
esta penitencia: que por tanto pecado, comiese cada día un manjar
señalado e non comiese más, e sería perdonado:
El día del domingo, por tu cobdiçia mortal,
conbrás garbanzos chochos con aceite, e non al: irás a la iglesia
e non estarás en la cal, que non veas el mundo, no cobdiçies el
mal.
En el día del lunes, por tu soberbia mucha, conbrás
de las arvejas mas non salmón nin truchas, irás oir las oras,
non provarás la lucha, ni bolverás pelea segund que la as ducha.
Por tu grand avaricia, mándote que el martes, que
comas los formigos e mucho non te fartes; el medio de un conbrás, o
las dos partes, para por Dios lo otro ta mando que apartes.
Espinacas el miércoles conbrás non muy espesas,
por tu loca luxuria, conbrás poquillas
d´esas,
non guardaste casadas nin a monjas profesas, por conplir tu
furniçio, fazeis grandes promesas.
El jueves çenará por la tu mortal ira e porque
t´prejuraste deziendo la mentira: lentejas con la sal: en rezar te
remira; quando mejor te sepan, por Dios de tí las tira.
Por la tu mucha gula e grand golosina, el viernes
pan e agua conbrás, e non cozina, fostigorás tus carnes con
santa disçiplina: averte ha Dios merced e saldrás de aquí aina.
Come el día del sábado las havas e non más por
tu envidia mucha, pescado non conbrás; comoquier que algund poco
en esto lastarás, tu alma pecador ansí la salvarás.
Anda
en este tiempo por cada çimiterio, visita las iglesias rezando
el salterio, está y muy devoto al santo ministerio; ayudarte ha
Dios e avrás pro de lazerio. Dada la penitencia, fizo la confesión;
estaba Don Carnal con muy grand devoción deziendo mea culpa; dióle
la absolución; partiodes d´el fraile, dada la bendición. Finçó
allí encerrado Don Carnal el coitoso, estava de la lid muy flaco e
lloroso,doliente e malherido, costribado o dolioso; non lo ve ningún
cristiano religioso.(12)
Sin
duda alguna, la dieta que prescribió el fraile a Don Carnal, a
base de garbanzos, arvejas, formigos, espinacas, lentejas , pan y
agua, era tan rigurosa que ya el propio Arcipreste advertía
que Don Carnal “ estava de la lid muy flaco e lloroso,
doliente e malherido, constribado o dolioso”. Adiós
a la buena mesa llena de lechones, codornices, faisanes,
sardinas y otros muchos manjares, que le deleitaban antes de la
llegada de Doña Cuaresma. ¡ Qué días tan felices fueron para
Don Carnal !. Y sin embargo, no menos interesante fue lo que
aconteció después que Dª Cuaresma diese instrucciones de
enviar a las lavanderas: las escudillas, sartenes, tinajas, calderas,
cañadas y barriles utilizados por Don Carnal, y como era Miércoles
de Ceniza, según cuenta el Arcipreste de Hita:
“
Bien como en este día para el cuerpo repara, así en
este día por el alma se para; a todos los cristianos llama con
buena cara que vayan a la iglesia con conçiencia clara. A los que
allá van con el su buen talente, con çenica los cruza de ramos en
la fruente; dizeles que s´conoscan e que les venga enmiente que
son çeniza e tal tornarán çiertamente. Al cristiano católico,
dale el santo sino porque en la quaresma biva limpio e dino; da
mansa penitencia al pecador andino, ablanda roble duro con su blando
lino. En cuanto ella anda estas obras faziendo, Don Carnal el
doliente iva saliendo aviendo, ivase poco a poco de la cama
irguiendo, pensó cómo feziese como fuese irguiendo. Dixo a Don
Ayuno el Domingo de Ramos: Vayamos oir Misa, señor, vos e yo amos;
vos oiredes Misa, yo rezaré mis salmos, oirémos pasión, pues
baldíos estamos.” (13)
VII
¿ Que
Significa hoy el Carnaval y la Cuaresma?
Intentar aproximarnos al significado de una y otra
manifestación cultural, requiere una reflexión que va más
allá de las apariencias y manifestaciones concretas que
observamos. Ya sea por la experiencia personal y colectiva que
hemos vivido, o bien por lo conocido a través de los medios de
comunicación y de las crónicas históricas, se observa que las
formas visibles, tanto del Carnaval como de la Cuaresma, ocultan un
fondo no fácil de aprehender y descifrar. Para entender qué se
esconde tras los disfraces, las burlas y excesos de los
sentimientos y de las pulsiones desencadenadas, bajo el manto
protector del Carnaval, de una parte, y de las actitudes que
conducen a la frugalidad, la austeridad, al esfuerzo, y a la
penitencia de la Cuaresma, de otra, conviene recordar que los seres humanos
actuamos por motivaciones y pasiones, frecuentemente,
antagónicas:
-Se confrontan de una parte, los sueños, la
imaginación y la crítica social, así como los cambios del orden
social y las normas que lo regulan, y de otra, la dura realidad que
obliga a reconocer la fragilidad humana, sus limitaciones y la
necesidad de la vida interior y la sujeción a las leyes.
-La centralidad del alimento en la existencia humana,
explica que en las fiestas de Carnaval, la abundancia y los excesos
en el comer y en el beber, simbolizan la opulencia de los poderosos,
frente a la quimera y ensoñación de los pobres y desheredados de
la tierra, sometidos a la austeridad y sobriedad a que están
obligados para sobrevivir.
-Un poderoso canto a la vida, al amor, a la libertad
y al erotismo, rompía una moralidad muy ligada a la templanza, la
frugalidad, el sufrimiento y al trabajo y a las relaciones afectivas entre
mujer y varón.
-Ambas visiones, pueden y debieran armonizarse y
contribuir al equilibrio de las formas de vida de las personas y
de las sociedades, integrando el gozo y la alegría con los momentos
de pesadumbre; la vida interior y la templanza, con la entrega y
el amor al necesitado en la mejor tradición del profeta Isaias.
-Todos los caminos pueden conducir al misterio inefable
de la vida; a la conversión y a la iluminación personal; a la
alegría y a la tristeza; a la fortaleza y a la fragilidad; al
bienestar y a las penalidades. Finalmente, al encuentro del que
viene a nosotros derramando la alegría de su Amor y su
Misericordia.
Fuentes citadas
Claudio Sánchez Albornoz. Hª Crítica de la
Literatura Española.Volumen .I. Pág. 30. Edit.Crítica 1980.
Claudio Sánchez Albornoz. Hª Crítica de la
Literatura Española.Volumen I. Pág.29. Edit.Crítica 1980
Claudio Sánchez Albornoz. Hª Crítica de la
Literatura Española.Volumen I.Pág. 30. Edit.Crítica 1980
Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor. Pag.177. Espasa
Calpe. 2003
Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor. Pág.
177.Espasa Calpe. 2003
Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor. Pág. 178.
Espasa Calpe. 2003
Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor. Pág. 178.
Espasa Calpe. 2003
Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor.Pág. 180.
Espasa Calpe. 2003.
Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor. Pág.183.
Espasa Calpe. 2003.
Américo Castro. Hª Crítica de la Literatura
Española. Volumen II. Págs. 624-625. Ed.Crítica. 1980
Américo Castro. Hª Crítica de la Literatura
Española.Volumen II Págs.625-626. Edit .Crítica. 1980
Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor. Pags.187-188. Espasa Calpe. 2003
Arcipreste de Hita. Libro de Buen Amor. Pags.188-189. Espasa Calpe. 2003