domingo, 8 de marzo de 2020

REFUGIADOS y DESPLAZADOS


                 REFUGIADOS: LA  DURA  Y  TRÁGICA  REALIDAD


Entre  los  grandes retos y desafíos de las sociedades  más estables  y desarrolladas,  está la tragedia de los refugiados, los desplazados y   aquellos que solicitan acogida o  asilo;   aunque no  son  los únicos,  tienen  gran relevancia en la actualidad.  El drama del  refugiado, que según   la Convención del Estatuto de los Refugiados  de las Naciones  Unidas de 28 de Julio 1951,   es: “Un nacional de un tercer país que, debido a fundados  temores a ser perseguido por motivos  de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas o pertenencia a determinado grupo social, se encuentra fuera del  país  de su nacionalidad y no puede o, a causa de dichos temores no quiere  la protección de tal país….”. Incluye también a los apátridas  o personas  sin nacionalidad  conocida,  que se ven obligadas a trasladarse fuera de su país  de origen, por causa  principalmente de  persecuciones religiosas, políticas  o conflictos civiles y conflictos armados.

Europa, durante el siglo  XX conoció momentos dramáticos para los refugiados  a causa  las  dos Guerras Mundiales. En España,  tras  el final de la  Guerra Civil, decenas de miles de   españoles  que hoy podrían ser  considerados refugiados,  abandonaron precipitadamente  el territorio  español y se alojaron  temporalmente en  campos de internamiento, con graves carencias de salubridad y mínimas condiciones  de acondicionamiento, instalados en el  sur de Francia   durante los años  1939 a 1941;  posteriormente, muchos  fueron  a campos de concentración nazis  y otros fueron acogidos  en algunos países  latinoamericanos:  Méjico,  Argentina, Venezuela,   e incluso  en   Argelia y Túnez,  colonias  francesas por  aquellos años.

En los últimos 50 años,  los  refugiados en  África, América, Asia, Europa   del Este y Oriente  Medio  han ocupado la atención de los medios de comunicación, amenazados por los conflictos  bélicos. Así ha sucedido en  Bosnia, Serbia, Ucrania, Palestina, Irak, Siria,  Afganistán y Myanmar. Muchos de ellos  aún  se encuentran en los campamentos de Turquía, Líbano,  Jordania, Irán, Bangladesh  y Pakistán, y   también  en   Alemania, Grecia  e Italia.  A  estos,  hay que sumar quienes  en América   Latina  han huido   de Colombia, Venezuela, Nicaragua, Honduras y Guatemala,  y  viven  en condiciones deplorables en  Brasil y en la frontera  mejicana  con EEUU, aunque otros han conseguido   protección internacional  en España.  También  en África  se  conocen  movimientos de refugiados  a causa  de   los conflictos  étnicos religiosos y políticos de  Ruanda, Eritrea,  Mali, Sudán del Sur, República Democrática Centroafricana, Somalia,  Yemen y  el Congo   y destacan  por su gran capacidad  de acogida  a los refugiados procedentes  de otros países  africanos: Níger, Sudán  del Norte , Etiopía y Uganda. En el conjunto  mundial,  ACNUR  estima  la existencia de  25,9 millones de personas  refugiadas, que  malviven  fuera de las fronteras de sus territorios de origen. Generalmente  son atendidos  en campamentos de internamiento que no siempre tienen las condiciones adecuadas, bajo la protección de las Naciones Unidas, con  ayudas económicas para alojamiento, alimentación  sanidad, y educación, que  perciben  algunos gobiernos en cuyo territorio están instalados, además de las ayudas directas  que reciben de las  ONG que trabajan en ellos, tales  como Caritas Internacional,  Intermón - Oxfam,  Acción Contra el Hambre, Manos Unidas, Médicos Sin Frontera, Médicos del Mundo y otras. 


                SOLICITANTES  DE ASILO  Y DESPLAZADOS


Entre  los  refugiados,  ACNUR  estima  que   los solicitantes de asilo en los países  de   acogida  son del orden de  3,5 millones  de personas. El asilo constituye  un sistema de protección  internacional por el  que  la persona o familias, una vez  fuera  de la frontera de sus países de origen, solicitan a  los países de acogida  esta protección por los temores fundados de ser perseguidos y detenidos  en los países de los que han huido, por motivos  políticos, religiosos y étnicos, protección que no incluye  los hechos delictivos tipificados en las leyes penales.

Aunque  no se consideran  refugiados, el grupo más numeroso  sometido  al sufrimiento y a las penurias, es el de los desplazados  en sus propios países, que  se ven  obligados  a residir muy lejos  de  las  regiones  donde   vivían. Entre  ellos,  cabe citar a  parte de la población de Yemen, Libia, Somalia, Sudan del Sur, Nigeria, República Centroafricana, República Democrática del Congo, que por los conflictos  bélicos están desplazados dentro de sus extensos  países, lejos de las  zonas de conflicto.  ACNUR   estima  alrededor  de 41 millones de personas  desplazadas a escala mundial que viven  en campamentos. En general   son igualmente  atendidos   con la protección de ACNUR  y las ONG  que trabajan  en ellos, atendiéndoles en materia de alimentación,  alojamiento, sanidad y educación. A modo de resumen, según  ACNUR la información referida al año 2018 es la siguiente:

Personas
Millones
Desplazados en su país de origen
41,3
Refugiados  en terceros países
25,9
(de éstos han solicitado asilo)
                                  3,5
Apátridas
 3,9
Total
71,1

Es un panorama  desgarrador  que  da idea  aproximada   de cómo  a escala mundial, la humanidad  sufre   los desastres  que  sus  dirigentes  y quienes  les apoyan desde  el exterior, provocan  en los más débiles y vulnerables.                      


            REFUGIADOS Y  ASILO  EN LA UNIÓN  EUROPEA

La Unión  Europea en su Directiva 2011/95   de 13 de Diciembre de  2011 del Parlamento Europeo y del Consejo, reguló las normas y procedimientos  que han de seguir  los Estados miembros de la UE,  relativos a los nacionales de terceros países  conforme están definidas en la Convención del Estatuto del Refugiado de 28 de  Julio de 1951  de las Naciones Unidas.  Esta  Directiva  delimita, de una parte,  la protección  internacional  a   quien se le concede  el estatuto de refugiado y los requisitos  que han de cumplir,  y de otra, el estatuto de  protección subsidiaria a quienes  se le reconoce  el temor fundado  de  falta de garantías y seguridad jurídica frente a la tortura, los malos tratos y la  aplicación de la pena de muerte.  Tanto si la protección  es  a los que tienen  el estatuto de refugiados  como a los que  se les reconoce el estatuto de   protección  subsidiaria, pueden acceder  a determinados  beneficios (permiso de residencia,  asistencia sanitaria,  educación  de menores, acceso a vivienda y  empleo).
Años más tarde,  la Directiva 2013/32  del Parlamento Europeo y del Consejo  de 26 de Junio de 2013, aprobó  las normas que regulaban la acogida de los solicitantes  de protección  internacional, hoy vigentes,  modificando  la   Directiva  2003/9 del Consejo de 27 de Enero   sobre la  acogida de  solicitantes  de asilo en los Estados miembros de la UE. En su declaración  de motivos    la  vigente Directiva 2013/ 33  indica: “ Una política  común  en el ámbito del asilo, incluido un sistema  europeo común de asilo, es uno de los elementos  constitutivos  del objetivo de la Unión  Europea  de establecer progresivamente un espacio de libertad, seguridad y justicia, abierto a los que impulsados por las circunstancias, busquen legítimamente protección en la Unión”.  Las normas  y procedimientos  relativos  a la acogida (o asilo)  son aplicables  tanto a los   beneficiarios que gozan de la  protección  internacional del estatuto de refugiados, como de aquellos que sólo tienen el estatuto de protección subsidiaria. En la citada norma se regula la libertad   de los  solicitantes de protección internacional, su residencia, los motivos y garantías  de su internamiento  en centros  habilitados, la atención de  las necesidades    sanitarias y  las educativas  de los menores, condiciones materiales  de acogida personales y familiares.  Referido  al conjunto  de  la Unión  Europea, los datos  de las nuevas solicitudes de protección internacional y asilo  han   evolucionado notablemente:

                 
Año
Unión Europea
España
2015
1.256600
14.887
2016
1.206.00
16.544
2017
654.000
31.740
2018
580.000
55.749
2019
No disponible
118.264

Se aprecia que los años  de mayor número de peticiones  de protección internacional en la unión  Europea, en los años  2015 y 2016  coinciden     con los conflictos  de  Siria y  Oriente Medio, observándose  una  disminución, salvo en  España, donde  el incremento  se corresponde   con la inestabilidad de   Venezuela, Colombia  y de  otros países  Centroamericanos.  Recientemente,  la  Unión  Europea  acordó  proporcionar  a  Turquía  importantes  ayudas  financieras ( 6.000 millones de euros  aproximadamente)  para contribuir  al asentamiento  de los refugiados sirios en su territorio,  y mitigar  en alguna medida,  la  masiva  llegada de refugiados sirios  que en 2015 y 2016   presionaron  la frontera y  llegaron  a  la Unión  Europea de forma caótica. Esta  presión  de refugiados sirios que huyen  de  sus territorios,  se viene repitiendo a causa  de los bombardeos del régimen  de  Bashar  al Asad  con el apoyo de Rusia,  en estos días  sobre  la  frontera de Grecia, como arma de Turquía para  que  la Unión Europea le apoye  en su conflicto contra  Siria. 
Sin duda,  la aplicación  de la normativa europea  sobre asilo es complicada y está muy mediatizada  por las políticas nacionales de los Estados miembros de la UE, y en gran medida  depende   de la mayor sensibilidad   de cada uno de ellos, y de  su proximidad a los corredores del Mediterráneo, por los que acceden  los  refugiados. Esta circunstancia  ha obligado  a la UE en estos últimos años,  a intentar armonizar los criterios  de los  Estados miembros, para distinguir  entre refugiados  y emigrantes comunes, evitar  duplicidades en el registro de entrada de  refugiados, en los criterios de interpretación y en la responsabilidad de los Estados  por el que acceden al territorio europeo, así como en el reparto de  los refugiados.  Pese al esfuerzo  de la Comisión y el Consejo en esa tarea de armonización, no se ha  avanzado  gran cosa y  en la actualidad los países del Este y del Sur de la Unión Europea son los  menos  favorables a la apertura de sus fronteras   y partidarios de mayores restricciones, habida cuenta que  en diversos países  europeos, incluso del Centro de la UE, aumenta la percepción del  crecimiento  de sentimientos  xenófobos  muy radicalizados,  contra  la entrada de  refugiados.


                    NUESTRA  MIRADA  ANTE  LA  REALIDAD


Estamos ante  uno de los  grandes problemas mundiales,   cuya complejidad no sólo dificulta  enormemente  las posibles  soluciones, sino  que nos  produce   perplejidad y un sentimiento de  impotencia, al  constatar que en esta tragedia  humana  convergen factores  de  hegemonía  y estrategia  político  militar, de control de recursos económicos y materias primas,  de seguridad  internacional, que  forjan  importantes  alianzas de  países  y bloques. Cuando  se rompen los equilibrios políticos militares en un determinado  momento y en  áreas  geográficas  sensibles, generalmente  subdesarrolladas,   se desencadenan  conflictos   civiles  y bélicos, que  producen  de inmediato una estampida  humana  que busca  la paz y la seguridad fuera de sus fronteras  o lejos  de  sus  pueblos  y regiones. Igualmente  sucede  cuando  tienen lugar  catástrofes  naturales como  suelen ser las  hambrunas tras  largos períodos  de sequía, inundaciones  o terremotos, circunstancias que impulsan  fuertes movimientos migratorios. Dada la magnitud  de tales  problemas y su extensión  mundial, nos invade  una conciencia de vulnerabilidad  y  de nuestros límites  para afrontarlos.

Es oportuno recordar como  el Concilio Vaticano  II    iniciaba la Constitución pastoral “Gaudium et Spes”, con  estas palabras:                                                                                                                                        
 “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres  de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.”.

En los años posteriores, distintos  Papas llamaron  la atención  de  estos problemas y tragedias. Últimamente,  conviene recordar la visita  del Papa Francisco  a la isla italiana de Lampedusa en julio 2013  adonde llegaron miles de personas   para  encontrar refugio en Europa. En su visita  alzó  su voz y reclamó   con gran  firmeza,  la atención  de todos los  gobiernos  europeos  y de todos, cristianos y  ciudadanos  europeos sin distinción, para ayudarles y acogerles  abriendo  las fronteras:

“Hoy esta pregunta surge con fuerza: ¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas? ¡Nadie! Todos nosotros respondemos así: no soy yo, yo no tengo nada que ver, serán otros, ciertamente no yo. Pero Dios pregunta a cada uno de nosotros: “¿Dónde está la sangre de tu hermano que grita hasta mí?. Hoy nadie se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, del que habla Jesús en la parábola del Buen Samaritano: miramos al hermano medio muerto en el borde del camino, quizá pensamos “pobrecito”, y continuamos por  nuestro camino, no es tarea nuestra; y con esto nos tranquilizamos y nos sentimos bien. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos vuelve insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bellas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisorio, que lleva a la indiferencia hacia los demás, es más lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos habituado al sufrimiento del otro, no nos concierne, no nos interesa, no es un asunto nuestro! “
Años más tarde,  también visitó a los refugiados acogidos   en la isla griega de   Lesbos  en el mes de  Abril de 2016 y una vez más se pudo  constatar  la extrema  gravedad  del problema  de los refugiados  y  la necesidad de promover ayudas y cuantas  iniciativas    se  lleven a cabo;  todas ellas tienen  fundamento, para los cristianos  en el mensaje  evangélico. Para los cristianos, la lectura  de la  parábola del Buen Samaritano (Lucas 10.25-37) a la que nos invita el Papa Francisco, puede  ayudar a saber  qué actitud y disposición  adoptamos ante estas realidades. Los hechos narrados en  la parábola  están expresados en un lenguaje  pedagógico, simbólico,  accesible  a la comprensión  del mensaje acerca del amor  al prójimo y descriptivo  de unos hechos figurados, no históricos,  que supuestamente, pudieron acaecer  a un hombre,  que en el camino  de Jerusalén  a Jericó, fue  asaltado  con  violencia   por unos ladrones, y le robaron  todo lo que llevaba  y    tuviese  valor. Como consecuencia  de esta agresión,  le hirieron, le abandonaron dejándole  medio muerto y se marcharon. Esta  descripción  realista    es  muy  parecida  a  la violencia  que sufren    muchos   refugiados. De haberse   aplicado  las leyes penales actuales, a aquellos  malhechores, que actuaban  en el camino de  Jerusalén   a Jericó, se les acusaría  de  robo por  mediar  violencia, intento de homicidio,  lesiones   graves y omisión del  deber de  auxilio. La realidad actual  verificable  y  no supuesta, indica  que miles de   refugiados  mueren  en el trayecto  o llegan muy mal heridos a territorio  más seguro, a manos  de  delincuentes que  les  exigen  dinero  para  preservar  su integridad   física. 
 
En la parábola, muy cerca del  lugar en el que se realizó  la agresión, pasaron dos  hombres, cuya  conducta puede ser  enjuiciada y servir  de referencia  desde el punto de vista  ético y moral. Uno era  sacerdote  que   tenía a su cargo  los servicios del templo; otro  un  levita que también  ayudaba  a los servicios religiosos, aunque  sus funciones  eran distintas. Los sacerdotes y los levitas   formaban  parte de los dignatarios   y autoridades religiosas  judías. Ambos   vieron  al malherido, dieron  un  rodeo  y se alejaron,  para evitar quedar impuros, si  se  comprometían     y se responsabilizaban  de aquella desgracia. Su posición social y las normas  que regían a los servidores del templo no les permitían acercarse  a este  infortunado y  estimaron   que  cualquier iniciativa a favor del desvalido, le podría  traer  complicaciones.  Miraron para otra parte  y  continuaron su camino. 
Sin embargo,  por ese mismo camino, pasó poco después   otro hombre,  natural de Samaria,  región poblada  por gentes   mal avenidas  con los judíos y que no eran   bien consideradas  en la sociedad judía.  En la descripción  de Lucas  se da a entender  que iba montado en una cabalgadura, que podía ser  un  caballo,  una mula o  un asno, aunque no lo especifica. Al llegar a la altura  del  malherido, le vio  y  quedó  sorprendido y muy impresionado ante  aquella escena. Su espíritu se llenó de compasión y bajó  de la cabalgadura. Se  acercó a la víctima  e inclinándose le limpió  las heridas  con aceite  y vino  para desinfectárselas;  le vendó   las heridas, con   sumo cuidado para no provocarle  dolor.  Una vez  realizada esta  cura de urgencia,  probablemente  pensó  que con  esta acción bienhechora era  suficiente para que  se repusiera y con sus  propios medios,   acudiese   a un médico de  Jerusalén que no estaba  muy lejos del lugar  donde se encontraba. Al fin  y al cabo,  él no era  médico ni podía responsabilizarse  de  su curación ¡ bastante había hecho  con  hacer  la primera cura de urgencia ¡. De esta forma,  él   podría continuar  su  viaje  para  unos asuntos   que no admitían  demora. 

 Estos pensamientos cambiaron, cuando observó  que las heridas, los hematomas, las magulladuras y los dolores  de la paliza  que le habían dado al desvalido, no le permitían  siquiera dar un paso  sin su ayuda y además  le habían robado    el  poco dinero  que llevaba  consigo. El buen samaritano, cuyo nombre  no conocemos, estaba  comprometido  con   aquel malherido. Su compasión  se desbordó, le levantó  del suelo , le ayudó a subir a la cabalgadura con gran esfuerzo, y de este modo le evitó  las molestias y el cansancio del camino;  y también le  acompañó  andando  hasta llegar  a un mesón, y  según  el texto  de Lucas 10,  le cuidó  el día de llegada. Le proporcionó    alojamiento, comida, compañía y  una actitud de escucha y atención. Hoy diríamos  que le prestó  ayuda psicológica, ante  el relato  que  le hizo de  la violencia que sufrió. Era   muy normal  que  la victima de tal agresión  deseara desahogarse  con su  bienhechor y  de este modo poder   superar el estado de shock.  A la mañana siguiente, el samaritano  decidió  continuar  su viaje, pagando  al mesonero    dos denarios  a cuenta  de los cuidados  que había recibido  y  le prometió  que a la vuelta  de viaje la resarciría de todos los gastos  que ocasionase, advirtiéndole que le cuidase y atendiese,  como  si el malherido, fuese el mismo  samaritano. No sería  desacertado  pensar, que el malherido ya convaleciente en esa mañana, vería con tristeza y gratitud,  cómo su bienhechor  se montaba  en la cabalgadura y continuaba  su viaje. Se  preguntaría  en su interior  ¿Quién  es  este hombre cuya  bondad y compasión  ha curado mis heridas y  llenado mi corazón?. Nunca llegaría a saber que era  el Buen Samaritano.
Las  opciones  éticas están descritas en las  figuras  humanas que nos ofrece  la parábola y también en el mensaje de Jesús  a  quienes le preguntaban: Maestro ¿quién es mi prójimo?. La respuesta de  Jesús fue más allá  de una disquisición teórica o puramente semántica, acerca de quién es o no  el prójimo;  fue directo  al fondo   identificando  el amor al prójimo,  en la  actitud  compasiva y comprometida del samaritano  con el desvalido. Este es el mensaje constante de Jesús cuando  anunciaba  la llegada del Reino de Dios,  ya fuese en las sinagogas, en el páramo o en la montaña, en la ribera del Jordán y cuando  transitaba por los  polvorientos  caminos de  Judea y Galilea.

                                                                                              Marzo 2020

miércoles, 19 de febrero de 2020

Demografía y Sociedad





                 DEMOGRAFIA  Y  SOCIEDAD


                            Conocer la realidad


Una de los primeros debates y  reflexiones en esta Ágora, ha tenido como objeto  la demografía  en general  y en particular  la española, con el fin de   tener  información precisa de los cambios demográficos  y las consecuencias  que   conllevan  para la sociedad.  Su importancia es  relevante, si deseamos   mejorar nuestro conocimiento de la realidad  social  actual y futura,  tomar conciencia  de los problemas  y desafíos a los que nos enfrentamos y  contribuir a un diálogo sosegado  desde  otros puntos de vista. Es inexcusable, disponer   de un diagnóstico  de la realidad demográfica, a partir de las fuentes consultadas, ya sean  el  Instituto Nacional de Estadística, la información de la  Unión Europea  y la  de Naciones  Unidas.


            La Población  mundial. Un  debate  del pasado.


La población  mundial se estimaba en 2.500 millones de  personas en el año 1950 y de 6.900 millones en 2010, alcanzando  hoy  7.700 millones, con una  previsión  de  9.700 millones de personas  para  2050. Actualmente, la población  en Asia  es de 4.700 millones, en África  de 1.300 millones, en América de 1.200 millones, en Europa de 750 millones y Oceanía de 43 millones. En el conjunto  mundial la esperanza  de vida  ha aumentado, aunque la  tasa de natalidad es desigual y menor  en los países  más desarrollados.


Esta evolución nos lleva a recordar el debate que tuvo lugar tras la publicación  en 1972 del  Informe de Club de Roma, acerca de los límites del crecimiento, en el que se afirmaba que el aumento de la población,  entre otros factores, para las siguientes décadas, de continuar  las tasas históricas  conocidas,  no era sostenible y  se aconsejaba el crecimiento  cero. En una revisión efectuada  30 años mas tarde del Informe de Club de Roma, se reiteraba y matizaba que la explotación de los recursos naturales  no era viable, por causa del crecimiento ilimitado de la población, de la producción industrial, la  sobreexplotación de los recursos naturales y los daños  de la contaminación. 


En las últimas décadas del  siglo XX, el debate sobre la población y su crecimiento  ocupó gran parte de las sesiones de las Conferencias  Internacionales, promovidas por las  Naciones Unidas, especialmente las celebradas  en Bucarest (1974), en Méjico (1984),  en El Cairo (1994)  y  sobre el desarrollo sostenible   en  Johannesburgo (2002), Rio de Janeiro (2012)  y Nueva York (2015). En estos  foros,  se debatieron  distintos  modelos de políticas públicas ante la demografía de  numerosos países no desarrollados y en vías de desarrollo,  con altas tasas de natalidad  y degradantes índices de  pobreza. En sus debates hubo  muchas divisiones de opinión, donde  confrontaron, de una parte, las  políticas públicas que algunos países   desarrollados y en vías de desarrollo querían  aplicar a los menos favorecidos, y de otra, las   consideraciones éticas  que hacían inadmisible  o  de dudosa  moralidad   su aplicación. Sin embargo, en las últimas  Conferencias  se alcanzaron   algunos consensos, en materia de lucha contra la  pobreza, contra la mortalidad infantil, a favor de la protección de la maternidad, al tiempo  que  críticas  en otras más polémicas, relativas a  las medidas  de planificación  familiar.


        La Población  en la Unión  Europea  y en España


La  Unión Europea  (incluida el  Reino Unido) tenía una población  en 2010   de  503,4 millones de personas, y a finales de  2019  se situaba  en  513,5 millones, con  un incremento  de 10,1 millones, conforme a las pautas de los países  más desarrollados: creciente  esperanza de vida, caída de la tasa de natalidad, y envejecimiento de la población, paliada por la inmigración. De otra parte, la población total  en  España  apenas ha aumentado (5.000 individuos) en la última década, y ha pasado de 47.021.031 personas  en el año 2010, a 47.026.208  en el año 2019,  algo menos  del pico alcanzado en 2012, con 47.265.121. 


Sin embargo, es  importante señalar que el total  de españoles en la última década, ha aumentado en  716.033 individuos, comparando los 41.989.330 españoles registrados  en 2019, frente a los 41.273.297 españoles en 2010. No obstante, en gran medida, el aumento  de la cifra de   españoles indicada, se debe a la  concesión de la nacionalidad  española, principalmente a  personas originarias de  Latinoamérica procedentes de la inmigración en los últimos  10 años,  aunque no se ha podido  verificar y contrastar  esta cifra. Por el contrario,  los  extranjeros, tras un importante  incremento en torno a  5  millones entre  el año 2000 y 2010, han disminuido en  710.856 individuos, comparando los 5.036.878  de  2019, respecto de los 5.747.734  registrados en 2010,  y disminuyen porcentualmente en 2019 (10,7%) respecto de 2010 (12,2%). Probablemente, esta reducción  de  extranjeros   se corresponde  con los que adquirieron la nacionalidad  española con posterioridad  al año  2010 y fueron dados de baja en el  registro de extranjeros.  La composición de las personas   extranjeras empadronadas en España, por su  origen arroja  los siguientes datos  de un total de 5.036.878 personas: son originarios de Europa 2.110.500 (36,3%), de América 1.331.709 (26,3%),   de  África 1.120.539 (22,3%), de  Asia y otros 474.130  (9,4%).


En este contexto, la población  española sigue el modelo   demográfico europeo,  y  experimenta  en las últimas  décadas un constante  aumento de la esperanza  media de  vida  que supera  los  80 años,  una  tasa de fecundidad (1,26/ mujer) inferior a la media aproximada europea y menor de la tasa de reposición (2,1/mujer) necesaria para estabilizar la población, y una tasa  de natalidad  (7,9/ 1000 habitantes) junto con Italia (7,3/1000 habitantes) notablemente inferior a Irlanda (12,5/1000 habitantes), a  Francia  (11,3/1000 habitantes) y  Reino Unido (11/1000 habitantes) así como un envejecimiento  progresivo  de su población.


De otra parte, la estructura   demográfica española es  reducida en la franja de los menores de 16 años (15,7%) y en la europea (15,6%);  amplia  la española (65,0%) y  la europea (66%)  en el segmento de los 16 a los 64 años; y ligeramente superior   la española (19,3%) respecto de la europea (18,2%) para los mayores de 64 años. Comparativamente,  los extranjeros empadronados  en España, presentan algunas diferencias en su estructura demográfica con respecto  a la española: Los menores  extranjeros (15,4%), en edad laboral (77,8%) y los mayores en edad  de jubilación (6,8%).


                         Evaluación  y Perspectivas


Este análisis  nos ofrece una  realidad  y un diagnóstico de gran complejidad, que requiere un dialogo  sincero y honesto que ayude  a los ciudadanos, a las familias y a la sociedad,    a reflexionar    acerca de una tarea  que  no  es fácil. Sin duda, el modelo de sociedad actual condiciona las características  demográficas, y aunque la erradicación de enfermedades de la población infantil,  la protección  sanitaria y alimentaria infantil, las atenciones médicas de la mujer   en la gestación, el avance  en las conquistas sociales de la mujer  en el trabajo  y en la igualdad con el hombre, su mayor independencia económica, así como  el nivel de  bienestar y confort,  han contribuido muy positivamente hasta  hoy, al aumento de la esperanza de vida y  al  progresivo  envejecimiento de la población, sin embargo no ha favorecido  el aumento de la tasa de natalidad. Es  evidente  que esta falta de correspondencia entre las mejoras reales en la salud y el bienestar, de una parte, y la baja tasa de natalidad, de otra, suscita cierta  perplejidad, aunque es probable  que los niveles  de  confort, la inestabilidad e inseguridad en el trabajo y en los matrimonios y parejas, entre otras, sean circunstancias  que   pueden explicar esta realidad.


Es un futuro inquietante, por las repercusiones  que puede tener  en el futuro, la despoblación rural, la reducción de jóvenes en el mercado de trabajo y el aumento de recursos  en materia de   sanidad y pensiones,  en parte   compensado por una estructura de población extranjera más joven.  A los poderes  públicos  corresponde  promover  cuantas medidas sean razonables dentro de una   estrategia   global de desarrollo humano con especial atención  a los  problemas existentes en las  zonas rurales con altos índices  de despoblación y en las grandes áreas  metropolitana  con una mayor concentración  de población desarraigada; lucha  contra  la  pobreza  y la exclusión  social; lucha contra la mortalidad infantil; programas de educación para los padres;  mejora  en las condiciones sanitarias  y alimentarias  infantiles; promoción y  protección  de la mujer;  permisos  más amplios  de maternidad y paternidad;  guarderías para la infancia al alcance de  familias  de  menor nivel  adquisitivo;  conciliación  familiar; ayudas  directas a las  familias  con hijos y  escaso  nivel de renta  hasta finalizar la etapa de educación secundaria; y finalmente acceso a la vivienda a segmentos  de la sociedad más  vulnerables. 


En último  término, las personas y parejas han de colaborar de forma decidida  en su  información y formación  dada su  responsabilidad  directa en la procreación humana, y de la sociedad, especialmente de los medios de comunicación, sin  cuya cooperación   poco podrán  hacer  las políticas públicas que se apliquen en el futuro  ante este reto.

       
                                      Cuadro  resumen de la Población
                                            (Millones de personas)             
                                               
Concepto                                          2019         2010       Variación  
  
Población mundial………..              7.700,0      6.900,0       + 800,0
Población Unión Europea                   513,5         503,1       +   10,4
Población  de España…….                  47,0          47,0        -      0,0
Españoles…………………….             42,0          41,3       +     0,7
Extranjeros en España….               5,0          5,7       -     0,7

Fuente: Ine y Eurostat